Argentina, rica pero injusta

Amo Argentina. Es por méritos propios y de mi novia, mi segunda patria. Es un país complejo, como todos, pero más. Este artículo de Alfredo Zaiat en el diario Página 12 ofrece una cuidada aproximación a uno de los grandes debates locales: cómo se distribuye la riqueza de esa gran nación (no deja de ser curioso que hace un par de entradas me ocupase el mismo conflicto en España) y cuál es en relación con los países más desarrollados. Merece especial atención una de mis más recientes obsesiones: el análisis de las paridades de poder adquisitivo (PPA), la mejor fórmula para comparar la riqueza de dos o más poblaciones con rentas y precios discordantes.

Esa es la Argentina promedio. El 20 por ciento de la población de menores recursos tiene un ingreso estimado de 1800 dólares “de poder adquisitivo comparable internacionalmente”. Ese monto es tan sólo el 16 por ciento de la persona del quintil inferior en las economías desarrolladas. En tanto, en la otra punta de la pirámide, el 10 por ciento de mayores ingresos genera unos 45.000 dólares PPA por persona. Esa magnitud representa cerca de las dos terceras partes del ingreso del 10 por ciento más rico de las potencias económicas. “Esos datos sugieren que, visto desde arriba, el Primer Mundo no aparece tan remoto…”, comentan, con un dejo de ironía, Heymann y Ramos.

Por cierto, un análisis similar, pero sobre España, puede encontrarse en el imprescindible: Navarro, Vicenç. El subdesarrollo social en España. Causas y consecuencias. Anagrama, 2006. (Aquí descubrí yo las PPA; creo recordar que él las llamaba ‘unidades de poder de compra’)


One Comment on “Argentina, rica pero injusta”

  1. […] No está de más recordar que en España (y en todo el mundo) sí hay clases sociales. Las diferencias se fraguan desde la infancia (veíamos hace poco que la pobreza se hereda). Este interesante artículo de El Periódico de Catalunya es elocuente. “Los niños de clase baja ven la tele el doble que los de más recursos” se titula: <<Algo similar sucede con internet. Entre las clases bajas, los que disponen de ese recurso en casa son los menos, pero el tiempo que permanecen enganchados a la red duplica con creces el que invierten los de extracción social más alta. Torrubia explicó a este diario que esas evidencias indican que “hay maneras diferentes de educar. En unas familias hay menos control o menos atención que en otras sobre lo que hacen los hijos cuando están en casa”.>> […]


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