Las penas de muerte, Troy Davis y el otro

El 16 de septiembre recibí el correo electrónico de Amnistía Internacional que me descubría el caso de Troy Davis. El ‘asunto’ del mensaje era significativo: “Podría ser inocente”. Lo leí y me cabreé. No sirvió de nada y Troy Davis ha sido ejecutado hace unas horas.

Ayer hubo otra ejecución en EEUU. En Texas moría Lawrence Russell Brewer. Según las informaciones que llegan era una mala persona, un auténtico culpable, un sádico asesino racista. Brewer era un supremacista radical que encadenó a un negro a la parte de atrás de su furgoneta y lo arrastró hasta destrozar su cuerpo.

Respeto y, casi siempre, comparto la labor de Amnistía Internacional, pero desde hace años lamento (y empieza a dolerme) que centre sus camapañas contra la pena de muerte en casos dudosos y procesos sombríos con hueco para la duda razonable y la simpatía fácil. No creo que se pueda estar contra la pena de muerte ‘a ratos’ y creo que los abolicionistas debemos arrogarnos un mandato sencillo y, por cierto, muy cómodo: decir “no” a la pena de muerte cuando sea, donde sea y acabe con la vida de quien sea.

AI no me ha mandado ningún correo pidiendo mi firma contra la ejecución de Brewer. Entiendo que AI lucha por mantener una influencia internacional que le exige proyectar una imagen determinada y centrar sus campañas en casos espcialmente sangrantes. No me gusta esa estrategia. Creo que AI se opone a la ejecución de Brewer y creo que tiene un laborioso prestigio que no solo debe cultivar, sino poner a trabajar, por ejemplo, defendiendo causas difíciles, feas, molestas, incómodas, grises…

Estar contra la pena de muerte significa, también o especialmente, estar en contra de la pena de muerte de aquellas personas cuya muerte no nos da ninguna pena. Recurrir (solo) al argumento de que la pena de muerte es irreversible y de que en casos dudosos no debe aplicarse no sirve para oponerse a la pena de muerte, sino que podría servir, quizá, para pedir procesos más garantistas (precisamente, la adición de medidas garantistas es lo que hace que las esperas en el corredor de la muerte se prolonguen durante décadas en una especie de tortura ‘por tu bien’).


One Comment on “Las penas de muerte, Troy Davis y el otro”

  1. enchufe dice:

    100% de acuerdo


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