Una imagen que no es la de nuestro país

De todo lo sucedido en Valencia estos días —y en tantas otras ciudades en otras ocasiones—, lo que le preocupa a Rajoy es que ” no podemos dar una imagen fuera que no es la de nuestro país”.

Este comentario tiene al menos tres lecturas posibles.

Una primera sospecha puede apuntar a que Rajoy esté convencido de que lo que está pasando en las calles realmente no es real. Puede haber sido contagiado por el síndrome de la Moncloa en tiempo récord y creer, de verdad, de corazón, que no hubo cientos de miles de personas en las calles el domingo o que no ha habido cargas policiales contra estudiantes. Al fin y al cabo hay toda una recua de medios convenciendo al presidente de que no está desnudo. “Sí, señor presidente. Es como usted dice, señor presidente”.

Esta posibilidad es alarmanate. Nos planta ante un Gobierno neurótico con riesgos infinitos y escasa o nula capacidad de autocrítica. La única esperanza es que su parálisis retórica no parece total ni permanente. Han sido capaces de descubrir, por enésima vez, que la retirada de los antidisturbios disipa la tensión —podrían haberlo aprendido en madatos ajenos, pero era mucho pedir—. También se han mostrado capaces de hacer pequeñas correciones a sus deslices más extremos —cuando De Guindos hablaba de una reforma laboral “muy agresiva” quería decir muy agresiva contra el paro; cuando Fernández Díaz habla de “excesos” en las cargas policiales, se refiere a los excesos de los agredidos—. Una veta de esperanza, vamos.

La otra posibilidad es peor. El Gobierno sabe lo que está haciendo y le parece mal. En este caso su deseo de no proyectar fuera de España una imagen “que no es la de nuestro país” tiene un sentido más grave: la represión solo acaba de empezar y van a intentar ocultarla. Lo malo, aquí, no es el porrazo, sino la foto del porrazo.

Hay una tercera posibilidad. La peor. El Gobierno es consciente de lo que está haciendo y le parece bien. Si esto es cierto la frase de Rajoy proyecta otra seméntica: “nuestro país” no significa aquí lo que parece que significa; no es el país de todos, policías y estudiantes, sino que la primera persona del plural alude a un nosotros mucho más reducido. Las recientes apelaciones a los 11 millones de votos del PP nos dan una pista…



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