Qué mide el PIB

“El PIB lo mide todo, excepto aquello que hace que valga la pena vivir la vida”
Robert Kennedy

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El regalo multimillonario de los trabajadores a los empresarios

Las quejas de los empresarios sobre el supuesto absentismo de los trabajadores son constantes. Y la presencia mediática de ese tópico es abrumadora. Pero, ¿está justificado ese idiotismo patronal?

Existe un dato muy poco conocido, aunque público, que quizá podría calmar los aspavientos de la CEOE. Se trata de la cantidad de horas extraordinarias que los trabajadores hacen sin cobrar cada semana.

El dato lo ofrece el INE trimestralmente, con la EPA, y quizá sorprenda por sus enormes dimensiones:

Como publicaba este fin de semana en 3i, a lo largo de los dos primeros trimestres del año, los trabajadores regalaron a sus empresas más de 82 millones de horas. Sí, sí, tal cual, sin cobrar un euro por ellas.

Esto son más de 3 millones de horas por semana gratis para los empresarios. Este dato no tiene nada que ver con el de las horas extra cobradas, ya bastante polémico por sí mismo,  que ascendió a 2,2 millones de horas semanales.

Si se mantienen estos niveles, estaríamos ante 160 millones de horas anuales. Esta cifra representa unos 1.378 millones de euros que se quedan en los bolsillos de los empresarios en lugar de ir a los salarios de las plantillas o a cotizaciones de la Seguridad Social.

Ahora es cuando alguien replica: “Ya, ya, pero el absentismo, ¿qué?”. Bueno, pues el absentismo también se calcula. De hecho, aunque el INE no da una cifra concreta para medir este fenómeno tan cacareado, los empresarios sí se toman la molestia de estimarlo —para quejarse, lógica y comprensiblemente—. Desgranando y cruzando los datos del INE, el aclamado informe Adecco sobre el absentismo cifra el absentismo injustificado (certeramente definido como “tiempo que la empresa paga y pacta, pero no se trabaja, sin justificación”) en entre 1,8 y 2,2 horas anuales.

Es decir, los trabajadores regalan a las empresas seis veces más tiempo que el que les escamotean. Un dato interesante para recordar la próxima vez que un empresario hable de arrimar el hombro, ¿no?


Siete claves para enfriar la EPA de este segundo trimestre de 2013

Acaban de conocerse los datos de la EPA del segundo trimestre. Los titulares parecen positivos, pero los subtítulos esconden algunos miedos. He aquí algunas claves para tener en cuenta.

  1. El paro baja en 225.000 personas. Parece bueno, pero tiene truco. Esta cifra esconde dos realidades:
  2. Una medio buena: que se han creado 149.000 empleos —es decir, casi 150.000 personas que hace tres meses querían trabajar y no podían, hoy sí están trabajando en algo (luego veremos cómo)—.
  3. Y otra medio mala: la población activa sigue cayendo —hoy en España hay 76.000 personas menos en edad y disposición de trabajar que hace tres meses: jubilaciones, exilios económicos, desesperanzas…—. Este dato solía subir en los segundos trimestres, pero este año ha caído (y ya lleva un año entero cayendo), contribuyendo a ‘hinchar’ el buen dato de actividad (típicamente bueno) de cada verano.
  4. Por estas razones el dato absoluto no puede servir de consuelo, aunque algunos quieran presentarlo como una barrera psicológica superada: ¿menos de 6 millones de parados? Mientras se deba a que la población española esté menguando, ese dato será más penoso que positivo.
  5. Otro síntoma regulero: se sigue destruyendo empleo estable —57.000 asalariados menos con contrato fijo— y el empleo que se crea es temporal: 160.000 precarios más—. Marchamos a buen ritmo hacia el contrato (basura) único. Dejen de insistir, ideólogos del contrato único, llegan tarde: la precarización total es más rápida que sus informes.
  6. Un verano perfecto. El dato de paro, con todos sus peros, es el mejor desde que estalló la crisis. ¿Flor de invernadero? Hay dos circunstancias bastante azarosas que han arrimado el hombro sin que Báñez mueva un dedo: el año turístico se está portando muy bien (en parte gracias a las revueltas de Egipto o Turquía) y la temporada agrícola también puede ser excepcional. Solo resulta tranquilizador que el paro desestacionalizado haya caído por primera vez desde 2007 (si bien la ocupación desestacionalizada también ha caído: -0,29). ¿Qué pasará después del verano?
  7. Y más autónomos. La cifra de autónomos sigue subiendo: ya hay más de dos millones de lo que el INE llama “empresarios sin asalariados o trabajadores independientes”. Pese al entusiasmo que este dato despierta en algunos círculos, una alta tasa de autónomos, como ya hemos dicho en alguna ocasión, no tiene por qué ser, en absoluto, un buen dato. MIrad los países con mayor tasa de autónomos que España y decidme si os parecen inspiradores. En efecto, una alta tasa de autoempleo suele ser indicativa de crisis y precariedad.

Otro González imputado

Terminada la enésima semana negra del PP, me gustaría recordar otro caso que va a ser triste seguir. Se trata de un González imputado, y no es Ignacio, sino Francisco. Y no es Francisco González Sarriá, el cantante —que también está estos días calentando banquillo por una supuesta estafa—, sino Francisco González Rodríguez, el presidente de BBVA. Ha sido imputado por posible apropiación indebida.

 


Cuando a la patronal le gusta lo público

Ya sabéis. A los empresarios liberales no les gusta el intervencionismo estatal y esas cosas, salvo que vengan mal dadas y papá Estado acuda al rescate.

De los creadores de “hay que hacer un paréntesis en la economía libre de mercado“, llega ahora:

 “En los próximos años no va a haber un crecimiento importante del crédito y por eso vemos con muy buena intención y muy buenos resultados el crecimiento del crédito que ha dado el ICO en los últimos tres trimestres y que ha llegado a casi 25.000 millones. Esa ha sido la medida más importante y mejor que ha tomado este Gobierno en los últimos meses“.

Por una vez, estoy de acuerdo con la CEOE —más bien es la CEOE la que coincide conmigo en esta ocasión—. El dinero del ICO puede y debe servir para ayudar a quien lo necesite, pero que luego no nos miren como a marcianos por pedir una banca pública al servicio de la ciudadanía.


Pequeña gran victoria triste contra los desahucios

Tenía que llegar. Y ha llegado a 48 horas de la huelga general. Después de muchas derrotas, de enormes esfuerzos que parecen inutiles, de grandes movilizaciones que parecían no tener consecuencias, al fin una pequeña victoria. En lo que parece una carrera loca por ver quién se cuelga antes la medalla más inmerecida, bancos y bipartito han decidido que este lunes, 12 de noviembre, pase a la historia como el día de la banderita contra los desahucios.

Pero nosotros sabemos de quién es esta victoria. En primer lugar, de la PAH y de todos quienes llevan años parando ejecuciones, una a una, puerta por puerta, barrio a barrio. Y en segundo lugar de todos quienes nos movilizamos, en grandes marchas y en pequeñas manis de cuatro gatos, cuando tantos dicen que “no sirve para nada”. Sabemos también que es una victoria claramente insuficiente. Sabemos que no podemos relajarnos ni confiar y, por supuesto, esperaremos con escepticismo a leer la letra pequeña, esa misma con la que los bancos llevan décadas encadenando a las personas. Sabemos que nos lo van a vender como un gesto humanitario, pero ya no cuela. Ya no. Y sabemos —y no olvidamos— que este pequeño gesto, claramente insuficiente, ha costado vidas y cientos de miles de hogares rotos. Supongo que por esto nos cuesta tanto celebrar —incluso creer— cualquier pequeño triunfo, porque nuestras pocas victorias siempre nos llegan tarde, después de mucho perder y morir.


Cinco retos para la huelga general del 14N y cinco ventajas (alguna triste)

Tras el anuncio de una jornada europea de movilizaciones sindicales para el 14 de noviembre, parece inminente la convocatoria de una segunda huelga general en España por parte de los sindicatos mayoritarios. ¿Qué puede pasar el 14N?

Esta nueva huelga se acerca con varias fortalezas, alguna triste y alguna esperanzadora:

  1. Los recortes. La convocatoria del 14N no necesita explicación. No estamos ante una huelga difícil de justificar o traída por los pelos. La mayor concentración de recortes sociales en la historia de la democracia hace que, por desgracia, las razones de la huelga sean comprensibles para una inmensa mayoría de españoles.
  2. La Cumbre Social y el referéndum. Con muchos peros y vaivenes, la Cumbre Social puede estar convirtiéndose en un buen instrumento para amplificar la huelga y el resto de movilizaciones sociales. Los sindicatos ceden algo de protagonismo (poco) para mutualizar la legitimidad de la acción. La estrategia aún titubea, pero puede convertirse en un polo de resistencia plural importante. La petición de un referéndum sobre los recortes, invisibles en el programa electoral del PP, es una meta concreta, cabal y alcanzable que reorienta (un poquito) la línea defensiva (masoca y suicida) de los movimientos sociales hacia una posición más asertiva y propositiva.
  3. La internacionalización. Parece que la HG será simultánea en varios países del sur de Europa (Portugal, Chipre, Malta… ¿Grecia?). Esta decisión histórica puede ayudar a movilizar a cierta parte de la sociedad que ha percibido las últimas huelgas como una especie de coreografía pactada más que como un pulso serio al poder. El sufrimiento es global y la respuesta debía serlo también.
  4. Repetición. El hecho de que el 14N llegue solo 8 meses después del 29M puede ser un factor de refuerzo, que ayude a remarcar la gravedad del desafío al bienestar al que nos enfrentamos. Dos huelgas generales en un mismo año empiezan a parecer un amago de acción sindical decidida, no un mero reto mediático para cubrir el expediente y que cada Gobierno tenga su huelga fútil.
  5. La desiglación. Podríamos llamar así al proceso por el que una gran parte de la población ha ido alejándose de las ‘siglas’ de sindicatos y partidos para diluirse en mareas reivindicativas transversales y movimientos ciudadanos de base. Desde el 15M, evidentemente, este proceso ha ganado fuerza real e imaginaria. Si estos nuevos (o renovados) agentes sociales deciden respaldar la convocatoria, aunque sea de manera crítica, mucha gente tendrá el gancho que necesita para secundar una acción que puede ver como justa, pero cuyos convocantes oficiales han dejado de parecer ilusionantes.

Sin embargo, el 14N también encara serias dificultades.

  1. El paro. El primer obstáculo para una HG tradicional (cese de la actividad en los centros de trabajo) es evidente. Hoy hay menos gente trabajando en esos centros y menos centros en los que trabajar (y parar). En términos desestacionalizados, y a falta de un mes para el 14N, hoy hay 300.000 parados más que en marzo. De nuevo los sindicatos tradicionales se enfrentan a la incapacidad para defender, representar y movilizar a las víctimas más visibles de esta estafa económica. ¿Podrá alguien? Los propios sindicatos han cobrado conciencia de su limitación y quieren extender y amplificar la huelga a ámbitos extralaborales. ¿Sabrán?
  2. El miedo. Que las razones para la huelga resulten evidentes para buena parte de la población no es solo una ventaja. Esas razones nos resultan tan ciertas porque las llevamos caladas en los huesos. Esta vez hará falta mucha (más) valentía para secundar la huelga.
  3. La proximidad. Lo que arriba hemos explicado como una ventaja tiene un reverso desmovilizador. Dos huelgas generales tan cercanas en el tiempo suponen un problema real para muchas personas. De muchas nóminas no sobra nada. Nada. Ni tan siquiera el sueldo de un día. Una razón más para buscar la difícil participación de sectores extraños en la huelga: parados, pensionistas, cuidadores, estudiantes, precariado, autónomos, pymes, consumidores…
  4. La dispersión. Lo que se gana de unidad de acción con la internacionalización de la convocatoria se pierde con la descoordinación interna de varios llamamientos. CGT ha convocado huelga general para el 31 de octubre y los sindicatos vascos, tan necesarios para el éxito de un paro en todo el Estado —por el peso obrero de la industria vasca—, ya celebraron huelga general en Euskadi el 26 de septiembre. ¿Habrá convocatoria unitaria ampliada?
  5. La imagen de los sindicatos. A falta de un revulsivo interno que ni se asoma por el horizonte, los grandes sindicatos siguen arrastrando un problema de legitimidad pública que amenaza con convertirse en letal. Incapaces de combatir las falacias de la derecha mediática y empeñados en perpetuar sus verdaderos errores, los sindicatos son el principal problema para ellos mismos. Lo peor es que, por ahora, no tenemos sustituto equiparable.