No diga esto, diga lo otro. Diccionario español-neoliberal

Llegan nuevos tiempos. Hay que adaptarse. Para encajar mejor en el próximo escenario, es imprescindible saber idiomas. Este blog comienza aquí una nueva serie de entradas, abiertas y ampliables, para entender la neolengua del futuro que ya está aquí.

Empezamos con una lista de sencillas expresiones habituales traducidas del español al neoliberal. Muchas ya le resultarán familiares: se han popularizado estos días, otras se importaron hace años. Ahí van:

  • No diga “recesión”, diga “crecimiento negativo”.
  • No diga “recorte”, diga “ahorro”.
  • No diga “trabajo”, diga “empleo”.
  • No diga “patronal”, diga “organización empresarial”.
  • Aunque es mejor que no diga “empresario”, diga “emprendedor”.
  • No diga “garantizado con fondos públicos”, diga “subvencionado”.
  • No diga “privatizar”, diga “profesionalizar la gestión”.
  • No diga “universal y gratuito”, diga “café para todos”.
  • No diga “servicio público”, diga “gasto”.
  • No diga “fiscalidad regresiva”, diga “ahorro para las familias”.
  • No diga “abaratar el despido”, diga “facilitar la contratación”.
  • No diga “convenio colectivo”, diga “rigidez en las relaciones laborales”.
  • No diga “los beneficios de la banca”, diga “la tranquilidad de los mercados”.
  • No diga que “nuestro poder adquisitivo ha estado por debajo de nuestras necesidades”, diga que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.
  • No diga “universidad”, diga “vivero adaptado a las necesidades del mercado laboral”.
  • Recuerde que sindicatos y funcionarios no tienen “derechos”, tienen “privilegios”.
  • Y mentalícese; usted no es “pobre”, es “clase media”.
  • Tampoco es “ciudadano”, es “cliente”, “consumidor” o “usuario”.
  • Y no diga “joderse”, diga “adpatarse”.

La lengua neoliberal comparte raíces con el idioma neocón. También le conviene conocer algunas expresiones colocquiales del neocón.

  • No diga “violencia machista”, diga “violencia en el entorno familiar”.
  • O sustituya “colegio privado”, por “centro educativo de libre elección”.

Este glosario irá creciendo con sus aportaciones. Muchas gracias.


No es solo austeridad, Alberto Garzón

El inminente diputado Alberto Garzón lleva un par de días envuelto en una extraña polémica. Quizá la primera de su flamante carrera como cargo público electo. Esto es interesantísimo: de lo que le está pasando trata, en parte, la política del futuro.

La cosa va de si los diputados de Izquierda Unida deben o no aceptar el famoso kit tecnológico que entrega el Congreso a sus señorías. El debate se centra en un iPad y un iPhone, que Garzón parece haber aceptado, no sin dilemas.

Aclaro que no soy de los que defiende que los políticos deban ser pobres ni, como he leído en algunas contracríticas, tratando de ridiculizar las críticas, que deban ir al Congreso en mono o llevarse de casa la silla de la cocina para no sentarse en cómodos sillones. Esta exageración especiosa no cuela ni desarma algunas -pocas- peticiones razonadas de austeridad. Me parece bien que tengan un buen sueldo -que los diputados de IU ceden en gran parte a su organización- y buenas herramientas de trabajo: un móvil y un portátil de última generación me parecen de cajón.

Lo digo porque hay quienes, directamente, critican que IU acepte ambos aparatos por su alto coste. El propio Garzón lo ha criticado como un gasto ineficiente y la organización criticó el concurso de adjudicación del Congreso. No me parece exagerado que 350 diputados tengan teléfono móvil y portátil a costa del contribuyente (si lo usan, si lo usan ellos y si lo usan bien, claro). Tampoco me parece obligatorio, así que algunos grupos parlamentarios, especialmente después de haber aumentado su representación, podrían haber optado, así sea como simple gesto, por costear sus propios móviles y/o portátiles.

Diría que IU puede conseguir 11 smartphones y 11 portátiles o tabletas decentes y que podría hacerlo de manera rápida, creativa, ejemplar, legal y a mínimo coste. No faltaría quien hablase rápido de populismo o del chocolate del loro, pero estas críticas pierden valor día a día, cuanto peor están las arcas públicas.

No es, insisto, un mero problema de despilfarro público -que también-. Parece que estamos, más bien, ante un novedoso problema de ética tecnológica, complicado, parece, por el simbolismo de los gestos: Apple es el mal.

Garzón, con acierto, recuerda un texto de Fernández Liria en el que se habla del coltán y de la imposibilidad de mancharse de sangre cada vez que usas un móvil. La consecuencia de un purismo extremista en la ética tecnológica sería una especie de neoulidismo paralizante. ¿Cabe imaginar cómo deberíamos actuar si evaluásemos todas las consecuencias éticas, por lejos que caigan, que se derivan de cada uno de nuestros gestos?

El problemón, como el del ciempiés de la fábula, paralizado por la rana que le pregunta qué pie mueve primero, es abrumador, inabarcable más bien. Y lo peor es que deja el camino libre a quienes prescinden de la ética en sus tomas de decisiones.

IU y Garzón tendrán que mancharse las manos con la sangre del coltán para plantar cara a estos últimos. Hay, no obstante, formas menos sucias de usar el sucio coltán. IU defiende una: el software libre. Si no hay impedimentos técnicos insalvables para usar software libre en el Congreso, IU tiene muy pocas excusas para no predicar con el ejemplo (la única que se me ocurre es que le resbalen muchísimo falacias como el tu quoque que acabo de cascar). Incluso si IU tuviese serios problemas para usar software libre el Congreso, debería intentarlo -batallas más perdidas ha librado con mucha dignidad-. Podría, de paso, hacer de sus problemas, virtud y campaña.

Puede que hoy sea solo un gesto, un símbolo. El propio Garzón deseaba esta mañana que todo el malestar ciudadano se debiese a problemas de este tipo. Por maquiavélica estrategia, haría mal en ignorarlo, pero, ojo, como político haría muy mal en despreciarlo porque, cada vez más, este tipo de conflictos irán perdiendo su caracter simbólico y ganando peso económico, cultural, industrial y, en definitiva, etico y político.

Lo bueno, para Garzón e IU es que este debate se esté centrando en los diputados de IU y, en concreto, en Garzón. Creo que es un privilegio o un mérito de la coalición que los ciudadanos sean con ellos más exigentes que con el resto de fuerzas políticas. Esto es algo que dice mucho de las expectativas que genera entre sus simpatizantes y, también, entre sus detractores. Depende de IU saber aprovechar y honrar ese capital ético que se le presupone.

 


Los escrúpulos inéditos de Campofrío

Varios grandes anunciantes han anunciado su intención de dejar de publicitarse en el programa ‘La Noria’ de Telecinco. Como ya sabéis, huyen de la malas críticas que ha cosechado este espacio por entrevistar -y pagar- a la madre de ‘El Cuco’, condenado por encubrir al presunto asesino de Marta del Castillo, Manuel Carcaño.

El futuro de ‘La Noria’ no me quita el sueño, pero sí me interesan varios aspectos de este suceso y algunos me preocupan.

En primer lugar pone de relieve el poder de las empresas privadas en los medios de comunicación.

La publicidad y las privadas
Las empresas son personas jurídicas que pueden meter su dinero donde les de la gana. Así lo suelen hacer, beneficiando a quienes mejor les sirven y menos les molestan. Recordemos que Telecinco no vende información a los ciudadanos; su negocio es vender a los anunciantes “tiempo de cerebro humano disponible”. Para vender más tiempo ha adoptado todo tipo de estrategias exitosas que le reportaron unos ingresos de más de 855 millones de euros en 2010 y unos beneficios de 164,5 millones. Esto ha llegado a ser así porque el Estado, titular del “servicio público esencial” que es la televisión -así lo define la ley-, ha renunciado a administrar las concesiones, que se renuevan cada 10 años, de acuerdo con criterios que tengan que ver con los contenidos. En teoría, la actividad de las televisiones privadas debería inspirarse en los principios establecidos en el artículo 4 de la Ley 4/1980:

“a) La objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones. b) La separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y su libre expresión, con los limites del apartado cuatro del artículo 20 de la Constitución. c) El respeto al pluralismo político, religioso, social, cultural y lingüístico. d) El respeto al honor, la fama, la vida privada de las personas y cuantos derechos y libertades reconoce la Constitución. e) La protección de la juventud y de la infancia. f) El respecto de los valores de igualdad recogidos en el artículo 14 de la Constitución”.

Quizá exagero si os pregunto cúando fue la última vez que algún minuto de programación de Telecinco cumplió alguno de estos principios, ¿verdad?

Esta pasividad administrativa ha dejado crecer un monstruo que ahora ya no se puede matar: imaginad que un Gobierno decidiese revocar la licencia de emisión de Telecinco… Hay algo positivo en esta dejación de la Administración: da paso a una especie de neutralidad radical. Defiendo esa neutralidad aunque solo sirva para ciscar mi salón cuando enciendo el televisor.

Muchos dirán que aquella entrevista no tenía interés informativo -la vieron dos millones de personas, aunque esto no es ninguna garantía-, pero no creo que corresponda a un fabricante de salchichas decidir qué lo tiene y lo cierto es que, con su dinero, los asesores de imagen de Campofrío están juzgando qué debemos ver y qué no. Particularmente, preferiría que ciñesen sus decisiones empresariales a criterios económicos y de audiencia: entiendo que no solo las buenas personas, con una trayectoria ética kantiana, comen salchichas. Si aceptamos -y a mí no me gusta- que los medios se financien exclusivamente con publicidad, lo menos que podemos hacer es exigir que esa publicidad sea neutral ante los contenidos. Lo contrario genera una inseguridad mediática temible.

Si no se critica la calidad periodística del programa, ¿hablamos de moralidad? ¿De ética? Miedo me da que sean Nestlé o L’Oreal quienes ejerzan de árbitros en ese campo. Me conformaría con que aplicasen sus novedosos escrúpulos a su propia actividad empresarial, incluyendo la publicitaria.

Si ‘La Noria’ es basura o si merece un Pulitzer, me da igual. Bueno no me da igual: preferiría mil veces que Telecinco dedicase ese tiempo y esfuerzo a hacer periodismo de investigación para destapar las trapacerías empresariales de Campofrío, Nestlé o L’Oreal. Sin embargo, creo que debo aguantarme, abstenerme de  patalear  y, si me pica mucho, atacar desde, al menos, otros cuatro flancos.

Alternativas
Uno. Como sujetos pasivos podemos cambiar de canal. No voy a acudir al tópico de sintonizar La 2: existen multitud de canales -no solo televisivos-  para ver buena televisión, que la hay.

Dos. Si estás muy, muy cabreado, puedes movilizar toda tu artillería para defender el modelo mediático -y de sociedad- que te gusta. Será más efectivo si propones alternativas, eres constructivo y pasas olímpicamente de tuitear a Jordi González.

Tres. Si sabes juntar letras para formar palabras y juntar palabras para construir frases, hazlo. Ya está, puedes contar cosas, hazlo. Mira, escucha, indaga, pregunta, contrasta y difúndelo. Ya eres periodista, ejerce. Predica con el ejemplo. Se mejor que Telencino.

Cuatro. ¿No eres bueno haciendo buen periodismo, pero te gusta verlo, oirlo o leerlo? Financia. Sí, son malos tiempos para convertirse en mecenas, pero, venga, hacerse socio de Tercera Información cuesta 1,6 euros al mes: un paquete de salchichas viena de Campofrío cuesta esta mañana 1,35 euros en Eroski.

Información de sucesos
Quienes sentimos rabia o vergüenza por el hecho de que una madre se lucre porque su hijo ha cometido un delito nos estamos dejando llevar por la misma visceralidad que intenta agitar este tipo de programas. Unas veces apelan a nuestra empatía entrevistando a los padres de las víctimas y otras, a nuestra repulsión entervistando a los malos de la película. Pero el espectáculo es el mismo, la misma historia, las dos caras del mismo dolor.

Frente a la evisceración en los medios, encuentro una postura definitiva: si los medios, en democracia, han de informar -para servir a la creación de opiniones políticas-, formar -para servir a la consolidación de un tejido social culto- y entretener -para que no nos explote la cabeza-, la información de sucesos es prescindible, salvo cuando por su prevalencia contribuya a explicar un conflicto social o cuando por su tratamiento ayude a entender la condicón humana. Es decir, el asesinato de una joven a manos de su pareja tiene trascendencia pública como síntoma de un conflicto de género, por ejemplo, pero la intimidad del crimen, su padecimiento, atañe solo a los allegados. Recuerda, los medios de comunicación, ya entrevisten a víctimas o a verdugos, solo quieren tiempo disponible en tu cerebro para venderte salchichas.

Dejemos que los fabricantes de salchichas vendan salchichas a los amigos de la carnaza, es lo suyo, tiene lógica. Podemos dejar de comprar esas salchichas o dejar de ver ese programa y, lo que es mejor, podemos defender modelos económicos y mediáticos que dejen en evidencia a Campofrío y Telecinco. Precisamente, lo mejor de todo este caso es que pone de relieve, una vez más, la creciente capacidad de la ciudadanía para organizarse en red y coordinarse en pos de un bien común. Este es el verdadero problema de Telecinco y Campofrío.


Escuela para niños que quieren ser ricos

El vídeo de precampaña del PSOE en el que un niño pijo auguraba un futuro de servidumbre a la hija de su cuidadora ha recibido muchas y merecidas críticas. El burdo maniqueísmo del guion ha ensombrecido la merecida defensa que exige la enseñanza pública y que el PSOE no siempre ha abanderado.

Existe una verdadera escuela donde enseñan a los niños los fundamentos básicos de la economía capitalista y no, por cierto, desde una perspectiva crítica. Se trata de uno de esos campamentos temáticos tan populares en EEUU donde los niños van, entre otras cosas, a adelgazar o a aprender disciplina militar. En este caso aprenden cómo hacerse millonarios: se llama Camp Millionaire y los peques y no tan peques aprenden cosas tan importantes como estas…

Lo raro, después de ver varios vídeos como este, es que no da la impresión de que los profesores sean millonarios. Paradójico, ¿no?


15 de octubre de 2011

Ayer pude grabar estos cuatro minutos de alegría, ilusión y esperanza. Habrá tiempo para la reflexión calmada, el análisis sesudo y el debate intelectual sobre lo que ha significado el 15 de octubre, pero durante estos cuatro minutos espero que simplemente disfrutéis de vuestras emociones.

Aviso: Es recomendable tener pañuelos a mano en los minutos 0:30 y 2:50.

 

 


En las series extranjeras no hay gays

César Vidal:

“Yo, por ejemplo, veo muchas series extranjeras. Veo series británicas, veo series norteamericanas, veo muchas series rusas, incluso, ocasionalmente, veo alguna serie italiana, alguna serie alemana, etcétera. Yo no sé si en alguna aprece un gay”

Mientras tanto, en el oeste de Baltimore:


Propagandistas ilegales, de 1971 a 2011

Un homenaje en Getafe recordaba ayer a Pedro Patiño 40 años depués de su muerte. Buscando en la hemeroteca he encontrado esta nota que la Direccion General de Seguridad envió al diario ABC, que la publicó en su edición de Sevilla. Os transcribo unos parrafos, con negritas mías, para que entendáis quién era Pedro Patiño, por qué una escuela sindical y un par de calles llevan su nombre y por qué me echo a temblar cuando intentamos llevar las palabras a los tribunales (#LibertadHasel).

(…) “Sobre las nueve horas del día de hoy, cuando la dotación de un coche patrulla de la Guardia Civil, compuesta por el conductor y tres números, se hallaba prestando servicio en la zona comprendida entre Villaverde y Getafe observaron a cuatro individuos difundiendo propaganda ilegal en una obra que se realiza cerca del kilómetro 3,200 de la carretera de Leganés a Villaverde.

La dotación del coche patrulla se bajó del vehículo para perseguir y detener a los aludidos individuos, y al intentar la detención de uno de ellos, Pedro Patiño Toledo, nacido en Puebla de Almuradiel (Toledo), de treinta y tres años, con domicilio en El Escorial, éste se abalanzó sobre un guardia civil, al que agredió e intentó desarmar, y en el forcejeo se disparó el arma, alcanzando al referido Pedro Patiño, que resultó gravemente herido, falleciendo durante el traslado al hospital.

El fallecido Pedro Patiño tiene numerosos antecedentes policiales. El primero de enero de 1959 fue detenido por actividades del partido comunista y puesto a disposición del Juzgado especial. También fue detenido el 20 de marzo de 1969, por actividades ilegales, pasando a disposición de la autoridad militar, y el 30 de abril del año en curso, por coaccionar a los trabajadores de unas obras en el pueblo de Parla, siguiendo las consignas del partido comunista.

En el año 1962, y para eludir responsabilidad, pasó a Francia clandestinamente, desde donde se trasladó a la Unión Soviética, y en este país recibió instrucciones del partido para el desarrollo de ulteriores actividades políticas en España (…)”