La cultura del esfuerzo

A veces pasa. Fulanito, gurú neoliberal, elogia a Menganito y, al cabo de un tiempo, Menganito es detenido por un delito económico.

Hace unos meses, Francisco Roig, presidente de Mercadona, aplaudía la “cultura del esfuerzo” de los bazares chinos y aconsejaba a los españoles tomar ejemplo de sus estrategias comerciales. Los publirreportajes sobre cómo Mercadona conseguía vender cubos de plástico a precios bajísimos llenaron los medios.

Ya entonces se olía el regusto prejuicioso y etnocéntrico de un comentario que metía a todos los chinos en el mismo saco. Hoy, seguramente, Roig habrá aprendido a distinguir entre empresarios honrados y empresarios que no declaran la totalidad de la mercancía que importan para su venta en “ejemplares” bazares de todo a un euro.


Seis claves sobre la victoria de Chávez

  1. Chávez vuelve a ganar con contundencia. El primer dato es evidente. Tras 14 años en el poder, gana con claridad. Diez puntos de ventaja con el 90 por ciento escrutado son una victoria rotunda.
  2. Participación masiva. Cerca del 81 por ciento de los venezolanos del censo acudieron a votar. Son justo diez puntos más que en las últimas elecciones generales en España —y los sondeos dicen que vamos a menos—.
  3. Chávez sigue sumando votos. Chávez no solo vuelve a ganar, sino que cosecha más votos que nunca, en concreto el doble de los que logró en 1998, en su primera victoria y un millón más que en la anterior elección presidencial, de 2006.
  4. Sin embargo, no es la mayor ventaja porcentual cosechada por Chávez —¡en 2006 ganó por 26 puntos!—. Es decir, la oposición también se ha movilizado de forma inédita y seguramente la figura del propio Chávez tiene mucho que ver. Capriles también puede presumir de haber sumado una cifra de votos insólita para la oposición —2 millones más que Ranzel en 2006—.
  5. Proceso limpio. Además de la participación, lo más ejemplar de estas elecciones es que el candidato opositor haya encajado, aceptado y reconocido los resultados con más humildad y madurez que algunos antichavistas de este lado del charco. Chávez también ha reconocido —y tendrá que analizar con rigor— los buenos resultados de la oposición. Venezuela nos ahorra el circo que algunos parecían estar montando desde hace semanas con sondeos asombrosos.
  6. Desinformación. El resultado electoral en Venezuela exige una explicación —¡casi una disculpa!— desde el ámbito de los medios. Mientras los periodistas pataleamos ante la muerte de algunos medios, muchos lectores, oyentes, espectadores o internautas se levantarán hoy de la cama y fliparán. Ah, pero ¿hay elecciones en Venezuela? ¿Y cómo es posible que este tipo las vuelva  a ganar? ¿¡Por cuarta vez!? ¿No es un tirano, gorila y bla, bla, bla? Si el periódico que lees te hizo esperar un resultado muy diferente al que han decidido los votantes venezolanos, el problema lo tiene tu periódico, no los votantes venezolanos. Pídele responsabilidades porque te está escamoteando información.

Erratas robotizadas

Esto es lo que pasa cuando la agencia EFE lanza un teletipo con una errata y algunos medios automatizados lo publican sin mirar.

Día del Docence en El Economista

Día del Docence en El Economista

Día del Docence en Yahoo

Día del Docence en Yahoo

Día del Docence en LaInformación

Día del Docence en LaInformación


Grandes momentos del auto (y principio del fin) de Pedraz

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz ha archivado las diligencias contra los ocho imputados por organizar el 25S. Aquí ya explicábamos algunas de las razones por las que la acusación no tenía mucho recorrido.

El auto es un reguero de tirones de orejas contra la actuación de la Policía y de la Delegación del Gobierno, aderezado con algunas vibrantes defensas del Estado de Derecho y de la democracia. Vamos, que Pedraz acaba de señalarse como el próximo Garzón —lo iremos viendo próximamente en los titulares de la derecha mediática (ay, cuando se enteren de que fue a Bagdad para investigar el caso Couso y que sigue persiguiendo a los soldados que lo mataron)—.

Entre las líneas más contundentes del auto, algunas resuenan con más fuerza:

“se había identificado a muchas otras personas, no acordándose su citación ni otra diligencia alguna. La razón es obvia, pues visto lo razonado en el acuerdo de la Sra. Delegada del Gobierno del que se sigue que realmente la convocatoria no pretendía ocupar el Congreso, sino que “la verdadera intención de la convocatoria es permanecer de forma indefinida en el Paseo del Prado, en las proximidades del Congreso de los Diputados”, la
gravedad aventurada por la policía no era tal (ocupar realmente el Congreso).”

El subrayado anterior es del original y es una de las principales críticas del auto: la Policía (Interior) infló la supuesta amenaza.

“la Brigada Provincial de Información de Madrid en un breve oficio participa genéricamente a este juzgado [de los disturbios del 25S] sin especificar en concreto lo imputado a cada detenido”

Pedraz parece decir que ese ‘oficio’ no venía a cuento y no tenía mucho que ver con su caso. La convocatoria era una cosa y los disturbios, otra. A continuación, Pedraz explica por qué los detenidos del 25S no acabaron en la AN:

en ningún modo este juzgado acordó aceptar o rechazar competencia alguna: la policía es la que al efecto tiene que poner a los detenidos a disposición del juzgado que corresponda”

Las negritas también son del original y parecen aludir al rifirrafe de aquellos días con Interior, empeñado en meter a los nuevos detenidos en la AN.

“Lógicamente, si a ninguno se le imputaba un delito competencia de la Audiencia Nacional habría de ponerlo a disposición del juzgado del lugar en que se hubiere cometido”.

Pedraz sigue explicando por qué no ha incluido a los famosos 35 detenidos del 25S en el mismo caso que el de los ocho convocantes:

“Resulta sorprendente esta última afirmación [unas diligencias que la Policía se empeñaba en colar en la AN]: Si la unidad policial entendía que sus diligencias han de ser “entendidas” por este juzgado central no se comprende por qué no presentó las mismas (con los detenidos) ante este juzgado y no en otro.” Recuérdese que este juzgado en modo alguno, como se dijo, se ha pronunciado sobre la competencia respecto de los 35 detenidos en cuestión,sencillamente porque nadie se lo ha planteado.”

Después Pedraz habla de la normalidad del Pleno dentro del Congreso:

“En el acta no consta alteración alguna del normal funcionamiento en la sesión”.

Y ahora Pedraz directamente se cabrea (el subrayado, sí, también es del original):

“Asimismo se ha recibido en la mañana de hoy informe de la Brigada Provincial de Información sobre sucesos en movilización “ocupa el Congreso” del día 25 de septiembre en el que sorprendentemente se redacta tal informe “ante la posibilidad de que implicados en los hechos sean constitutivos de delito contra las Instituciones del Estado.”

Pedraz le suelta un zasca gordo a la policía judicial por querer meter en el saco de la Audiencia a 5 de los 35 detenidos a los que llevó al Juzgado de Guardia de Madrid.

“De ninguna forma, la unidad policial puede “sustraer” unos hechos concretos imputados a personas concretas que son conocidos por un juzgado para que otro juzgado conozca de ellos, pues constituye claramente un exceso en las funciones propias de la policía judicial”.

Y ahora Pedraz entra en harina. ¿Hubo delito contra autoridades del Estado? Pues mire, ni de coña:

“este delito no pudo ser cometido por los aquí imputados, máxime si en la convocatoria no se dice nada al efecto ni algo parecido, teniendo en cuenta que invadir consiste en entrar violentamente en un lugar, que en el caso sería la sede del Congreso, lugar que, desde luego, no pueden ser (so pena de hacer una interpretación extensiva del precepto, prohibida en Derecho Penal) las calles aledañas. No hay, en definitiva, indicio alguno que avale aquella intencionalidad de invadir”.

Y añade:

“es notorio, vista además el acta de la sesión del día 25, que el elemento consecuecional de este tipo penal no se cumple, pues no hubo alteración alguna: la “larga” sesión se desarrolló normalmente. Por tanto, el delito citado no pudo cometerse”.

Para terminar, la traca final. Criticar el orden constitucional vigente no está prohibido y si lo estuviese, el delito sería la prohibición:

“Y, desde luego, el hecho de convocar bajo los lemas de rodear, permanecer de forma indefinida …, exigir un proceso de destitución y ruptura del régimen vigente, mediante la dimisión del Gobierno en pleno, disolución de las Cortes y de la Jefatura v del Estado, abolición de la actual Constitución e iniciar un proceso de constitución de un nuevo sistema de organización política, económica o social en modo alguno puede ser constitutivo de delito, ya no solo porque no existe tal delito en nuestra legislación penal, sino porque de existir atentaría claramente al derecho fundamental de libertad de expresión, pues hay que convenir que no cabe prohibir el elogio o la defensa de ideas o doctrinas, por más que éstas se alejen o incluso pongan en cuestión el marco constitucional (…) máxime ante la convenida decadencia de la denominada clase política”.

Esta apoteosis llega con coletilla para Cifuentes:

“la propia Sra. Delegada del Gobierno tomó conocimiento, esto es no prohibió, de lo que pretendía la convocatoria, indicando además la forma de hacerlo”.

Por todo esto, Pedraz concluye “que las convocatorias origen de estas
diligencias no suponen comisión de delito alguno”.

¿Te gusta Pedraz? Pues no te encariñes con él.

[ACTUALIZACIÓN: Poco después de escribir esta entrada empezaban a arreciar los ataques contra Pedraz. El más explícito, desde el PP, que le llama “pijo ácrata”. Nivel]


¿Con ZP no os manifestabais?

Desde que empezó la legislatura, muchos de vosotros os habréis manifestado por un buen puñado de causas y motivos. Muchas veces en estos 10 meses habréis tenido que aguantar una especie de denuncia habitual desde sectores afines al Gobierno: “Ahora salís a la calle, ¿eh? ¡Con ZP no os manifestabais!”, viene a decir el latiguillo. La acusación se centra con frecuencia en los sindicatos —también desde ciertos sectores de izquierda—: “¡Qué calladitos estaban los sindicatos hasta ahora!” es una muletilla recurrente.

Este intento de ataque me producía hasta ahora cierta neurosis. ¿De verdad no nos manifestábamos en tiempos de ZP? Yo juraría que, como periodista, había cubierto unas cuantas protestas en aquel tiempo y que, como ciudadano y trabajador, había salido unas cuantas veces a la calle y hasta había sacrificado un día de sueldo por secundar una huelga general. ¿Lo habíamos soñado? ¿Realmente estábamos en casa para no molestar a Zapatero mientras engordaba la crisis?

Acabo de curar mi neurosis. Estos son los DATOS del ministerio de Empleo y del ministerio del Interior:

  1. Entre 2008 y 2011, casi toda la segunda legislatura de Zapatero, se convocaron en España 3.572 huelgas en diferentes niveles y sectores.
  2. Hubo 82.487 manifestaciones*, sin contar las manifestaciones que fueron prohibidas —varios cientos cada año—.
  3. Del total de manifestaciones en la segunda legislatura de Zapatero, 37.097 fueron convocadas por los sindicatos y los comités de empresa.

Que no te vuelvan a decir que te quedaste en casa y en silencio hasta que llegó Rajoy.

* En esta cifra están incluidas muchas manifestaciones que no son patrimonio exclusivo de la izquierda o de los sindicatos —manifestaciones nacionalistas, asuntos vecinales, contra la droga y la delincuencia, violencia machista… Solo el epígrafe “A favor de ETA, lib. Presos” suma 10.680 convocatorias en esos cuatro años—. El ministerio del Interior no desgrana los datos por la ideología del convocante, pero podemos acercarnos a un dato orientativo si sumamos solo las convocatorias ‘posiblemente progresistas‘ —asuntos laborales, 1º de mayo, enseñanza, sanidad, ecología—. Pues bien, así se sumaron 41.568 manifestaciones en los años de Zapatero.

Algunos datos de Repsol YPF para patriotas

“Si en alguna parte del mundo hay gestos de hostilidad contra los intereses de las empresas españolas, el Gobierno los interpreta como hostilidad a España y al Gobierno de España”.

José Manuel Soria,
ministro de Industria, Energía y Turismo

1. Repsol no es España. A pesar de la empatía del ministro con nuestras empresas, según la SEPI, el capital público en el accionariado de la petrolera es del 0 por ciento.

2. El accionista mayoritario de Repsol no eres tú. Caixabank posee el 12,83%, seguida de Sacyr (10.01%) y PEMEX (9,49%). Esto es curioso, porque PEMEX, Petróleos Mexicanos, sí es una empresa estatal pública, pero de otro país, claro, México. Por si induce a confusión, el “resto institucional” al que se refieren en el accionariado no habla de instituciones públicas, sino a accionistas fuertes, como bancos, grandes fondos, etc.

3. Los accionistas de Repsol también son personas. Es cierto. No solo hay empresas en el accionariado de la petrolera. Según los datos de la compañía, los accionistas ‘minoritarios’ poseen el 10,8 por ciento del capital —repartido entre miles de personas—.

4. YPF tampoco es lo mismo que Repsol. Repsol posee el 57,43 por ciento de YPF. El otro gran accionista de YPF es el grupo argentino Petersen, que tiene el 25,46%.

5. La nacionalización sería parcial. El supuesto proyecto —que a estas horas parece más dudoso— para la expropiación de YPF no afectaba al total de la compañía, sino al 50,01% del “paquete accionario de clase D”.

6. Los medios de comunicación también son patriotas. Repsol invirtió el año pasado 16.730.678 euros en publicidad en los diferentes medios, lo que la convierte en uno de los 50 principales anunciantes en España, pero esto no tienen por qué significar nada.

7. Muchos argentinos también son españoles. Según el INE, 367.939 españoles viven en Argentina. Algunos serán ejecutivos españoles que trabajan para la filial de Repsol en Argentina, seguro. Sabemos que el ministro Soria piensa en ellos. También hay otros 274.000 es-pa-ño-les, que han nacido allí. Quizá el ministro Soria debería pensar también en ellos.

8. Las expropiaciones no son un robo. Tampoco son una cacicada populista, como han dicho algunos periódicos patriotas. El artículo 33 de la Constitución española reconoce el instituto jurídico de la expropiación forzosa —el artículo 17 de la Constitución de Argentina también lo reconoce— y el 128 lo hace objetivo.  ¿Qué partes de nuestra Constitución han jurado guardar y hacer guardar nuestro ministros y cuáles no? ¿Cuáles de nuestras leyes y de las leyes argentinas quieren acatar las empresas ‘españolas’ y qué otras les vienen mal?

Aquí, Alberto Garzón da algunos datos más.

 


El Yunque, ¿la secta capaz de parar una rotativa?

El director del rotativo, Carlos Dávila, escribió un artículo de opinión muy crítico con El Yunque y sus actividades que iba a ser publicado en su edición de ayer miércoles. De hecho, el periódico llegó a imprimir varios miles de ejemplares que incluían en su portada el artículo de Dávila, titulado precisamente El Yunque. Pero al filo de la medianoche el presidente del grupo, Julio Ariza, ordenó detener las rotativas y eliminar el escrito del director. En su lugar se insertó un anuncio publicitario.

Las fuentes consultadas por este diario en Intereconomía aseguran que este insólito episodio revela la guerra soterrada entre Dávila y otros directivos del grupo presuntamente vinculados a El Yunque, entre ellos Marcial Cuquerella, director general de Intereconomía TV, y Luis Losada, director del informativo nocturno en esa misma cadena. El director de La Gaceta se negó ayer a responder a las llamadas de El Confidencial. Cuquerella, por su parte, aseguró que no forma parte de la secta secreta.

Interesantísima serie de informaciones de José L. Lobo en El Confidencial sobre la infiltración de El Yunque, secta integrista católica y de ultraderecha, en diversos círculos de poder…


La diferencia entre ‘advertir’ y ‘amenazar’

Numerosos medios de comunicación se han hecho eco de las palabras de Hugo Chávez con las que anunciaba la posibilidad de nacionalizar algunos grandes bancos privados venezolanos, entre ellos la parte caribeña del español BBVA.

Un buen número de las noticias sobre este asunto copian y pegan un teletipo de la Agencia EFE. Esta noticia lleva por titular: “Chávez advierte a los bancos privados con nacionalización, incluido el español BBVA”.

Lo curioso es cómo ese titular ha cambiado sutilmente en algunos medios de comunicación, como el digital lainformacion.com, donde Chávez ya no “advierte”, sino que amenaza: “Chávez amenaza con nacionalizar la banca privada, incluido el BBVA, si no cumple sus leyes”.

Podría parecer una mera estrategia de posicionamiento en buscadores —que suelen penalizar los titulares repetidos, por lo que algunos medios cambian ligeramente los textos de agencia— si no fuese porque también en el cuarto párrafo alguien se ha tomado la molestia de hacer el mismo cambio y solo ese cambio. Según EFE, el presidente venezolano “hizo la advertencia”, pero según la versión ligerísimamente retocada de lainformacion.com, Chávez “lanzó la amenaza”.

Según el DRAE, amenazar es “dar a entender con actos o palabras que se quiere hacer algún mal a alguien” y advertir es “llamar la atención de alguien sobre algo, hacer notar u observar” o “aconsejar, amonestar, enseñar, prevenir”. Parece claro que se hay querido remarcar las connotaciones negativas y agresivas del primer verbo. Algo, por cierto, que ni squiera era semánticamente necesario: en su cuarta acepción, advertir significa “avisar con amenazas”, una acepción que no parece haber sido suficientemente ‘amenazante’ para el editor del diario digital.

¿Será que algunos medios intentan amenazarnos, en el sentido de la cuarta acepción del término: “Conducir, guiar el ganado”? Advertidos estamos…


Cebrián, libre mercado, sus principios y los otros

Han pasado tres días desde el estrepitoso batacazo del PSOE. El presidente de El País, su diario de referencia, ha dicho lo siguiente:

“La política tiene que regular los mercados”

En marzo de 2010 defendía básicamente lo contrario:

“Continuar con la defensa de los valores y los principios de las libertades individuales, los valores democráticos y sociales que caracterizan nuestra línea editorial y la defensa, también, de la economía de libre mercado“.

Parece que sin grandes esperanzas de recibir favores políticos durante los próximos años, lo que queda de PRISA mira por el retrovisor y prepara un giro a la izquierda, esa ideología que la socialdemocraqcia política y mediática en España solo predica desde la oposición.


Los escrúpulos inéditos de Campofrío

Varios grandes anunciantes han anunciado su intención de dejar de publicitarse en el programa ‘La Noria’ de Telecinco. Como ya sabéis, huyen de la malas críticas que ha cosechado este espacio por entrevistar -y pagar- a la madre de ‘El Cuco’, condenado por encubrir al presunto asesino de Marta del Castillo, Manuel Carcaño.

El futuro de ‘La Noria’ no me quita el sueño, pero sí me interesan varios aspectos de este suceso y algunos me preocupan.

En primer lugar pone de relieve el poder de las empresas privadas en los medios de comunicación.

La publicidad y las privadas
Las empresas son personas jurídicas que pueden meter su dinero donde les de la gana. Así lo suelen hacer, beneficiando a quienes mejor les sirven y menos les molestan. Recordemos que Telecinco no vende información a los ciudadanos; su negocio es vender a los anunciantes “tiempo de cerebro humano disponible”. Para vender más tiempo ha adoptado todo tipo de estrategias exitosas que le reportaron unos ingresos de más de 855 millones de euros en 2010 y unos beneficios de 164,5 millones. Esto ha llegado a ser así porque el Estado, titular del “servicio público esencial” que es la televisión -así lo define la ley-, ha renunciado a administrar las concesiones, que se renuevan cada 10 años, de acuerdo con criterios que tengan que ver con los contenidos. En teoría, la actividad de las televisiones privadas debería inspirarse en los principios establecidos en el artículo 4 de la Ley 4/1980:

“a) La objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones. b) La separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y su libre expresión, con los limites del apartado cuatro del artículo 20 de la Constitución. c) El respeto al pluralismo político, religioso, social, cultural y lingüístico. d) El respeto al honor, la fama, la vida privada de las personas y cuantos derechos y libertades reconoce la Constitución. e) La protección de la juventud y de la infancia. f) El respecto de los valores de igualdad recogidos en el artículo 14 de la Constitución”.

Quizá exagero si os pregunto cúando fue la última vez que algún minuto de programación de Telecinco cumplió alguno de estos principios, ¿verdad?

Esta pasividad administrativa ha dejado crecer un monstruo que ahora ya no se puede matar: imaginad que un Gobierno decidiese revocar la licencia de emisión de Telecinco… Hay algo positivo en esta dejación de la Administración: da paso a una especie de neutralidad radical. Defiendo esa neutralidad aunque solo sirva para ciscar mi salón cuando enciendo el televisor.

Muchos dirán que aquella entrevista no tenía interés informativo -la vieron dos millones de personas, aunque esto no es ninguna garantía-, pero no creo que corresponda a un fabricante de salchichas decidir qué lo tiene y lo cierto es que, con su dinero, los asesores de imagen de Campofrío están juzgando qué debemos ver y qué no. Particularmente, preferiría que ciñesen sus decisiones empresariales a criterios económicos y de audiencia: entiendo que no solo las buenas personas, con una trayectoria ética kantiana, comen salchichas. Si aceptamos -y a mí no me gusta- que los medios se financien exclusivamente con publicidad, lo menos que podemos hacer es exigir que esa publicidad sea neutral ante los contenidos. Lo contrario genera una inseguridad mediática temible.

Si no se critica la calidad periodística del programa, ¿hablamos de moralidad? ¿De ética? Miedo me da que sean Nestlé o L’Oreal quienes ejerzan de árbitros en ese campo. Me conformaría con que aplicasen sus novedosos escrúpulos a su propia actividad empresarial, incluyendo la publicitaria.

Si ‘La Noria’ es basura o si merece un Pulitzer, me da igual. Bueno no me da igual: preferiría mil veces que Telecinco dedicase ese tiempo y esfuerzo a hacer periodismo de investigación para destapar las trapacerías empresariales de Campofrío, Nestlé o L’Oreal. Sin embargo, creo que debo aguantarme, abstenerme de  patalear  y, si me pica mucho, atacar desde, al menos, otros cuatro flancos.

Alternativas
Uno. Como sujetos pasivos podemos cambiar de canal. No voy a acudir al tópico de sintonizar La 2: existen multitud de canales -no solo televisivos-  para ver buena televisión, que la hay.

Dos. Si estás muy, muy cabreado, puedes movilizar toda tu artillería para defender el modelo mediático -y de sociedad- que te gusta. Será más efectivo si propones alternativas, eres constructivo y pasas olímpicamente de tuitear a Jordi González.

Tres. Si sabes juntar letras para formar palabras y juntar palabras para construir frases, hazlo. Ya está, puedes contar cosas, hazlo. Mira, escucha, indaga, pregunta, contrasta y difúndelo. Ya eres periodista, ejerce. Predica con el ejemplo. Se mejor que Telencino.

Cuatro. ¿No eres bueno haciendo buen periodismo, pero te gusta verlo, oirlo o leerlo? Financia. Sí, son malos tiempos para convertirse en mecenas, pero, venga, hacerse socio de Tercera Información cuesta 1,6 euros al mes: un paquete de salchichas viena de Campofrío cuesta esta mañana 1,35 euros en Eroski.

Información de sucesos
Quienes sentimos rabia o vergüenza por el hecho de que una madre se lucre porque su hijo ha cometido un delito nos estamos dejando llevar por la misma visceralidad que intenta agitar este tipo de programas. Unas veces apelan a nuestra empatía entrevistando a los padres de las víctimas y otras, a nuestra repulsión entervistando a los malos de la película. Pero el espectáculo es el mismo, la misma historia, las dos caras del mismo dolor.

Frente a la evisceración en los medios, encuentro una postura definitiva: si los medios, en democracia, han de informar -para servir a la creación de opiniones políticas-, formar -para servir a la consolidación de un tejido social culto- y entretener -para que no nos explote la cabeza-, la información de sucesos es prescindible, salvo cuando por su prevalencia contribuya a explicar un conflicto social o cuando por su tratamiento ayude a entender la condicón humana. Es decir, el asesinato de una joven a manos de su pareja tiene trascendencia pública como síntoma de un conflicto de género, por ejemplo, pero la intimidad del crimen, su padecimiento, atañe solo a los allegados. Recuerda, los medios de comunicación, ya entrevisten a víctimas o a verdugos, solo quieren tiempo disponible en tu cerebro para venderte salchichas.

Dejemos que los fabricantes de salchichas vendan salchichas a los amigos de la carnaza, es lo suyo, tiene lógica. Podemos dejar de comprar esas salchichas o dejar de ver ese programa y, lo que es mejor, podemos defender modelos económicos y mediáticos que dejen en evidencia a Campofrío y Telecinco. Precisamente, lo mejor de todo este caso es que pone de relieve, una vez más, la creciente capacidad de la ciudadanía para organizarse en red y coordinarse en pos de un bien común. Este es el verdadero problema de Telecinco y Campofrío.