Una imagen que no es la de nuestro país

De todo lo sucedido en Valencia estos días —y en tantas otras ciudades en otras ocasiones—, lo que le preocupa a Rajoy es que » no podemos dar una imagen fuera que no es la de nuestro país».

Este comentario tiene al menos tres lecturas posibles.

Una primera sospecha puede apuntar a que Rajoy esté convencido de que lo que está pasando en las calles realmente no es real. Puede haber sido contagiado por el síndrome de la Moncloa en tiempo récord y creer, de verdad, de corazón, que no hubo cientos de miles de personas en las calles el domingo o que no ha habido cargas policiales contra estudiantes. Al fin y al cabo hay toda una recua de medios convenciendo al presidente de que no está desnudo. «Sí, señor presidente. Es como usted dice, señor presidente».

Esta posibilidad es alarmanate. Nos planta ante un Gobierno neurótico con riesgos infinitos y escasa o nula capacidad de autocrítica. La única esperanza es que su parálisis retórica no parece total ni permanente. Han sido capaces de descubrir, por enésima vez, que la retirada de los antidisturbios disipa la tensión —podrían haberlo aprendido en madatos ajenos, pero era mucho pedir—. También se han mostrado capaces de hacer pequeñas correciones a sus deslices más extremos —cuando De Guindos hablaba de una reforma laboral «muy agresiva» quería decir muy agresiva contra el paro; cuando Fernández Díaz habla de «excesos» en las cargas policiales, se refiere a los excesos de los agredidos—. Una veta de esperanza, vamos.

La otra posibilidad es peor. El Gobierno sabe lo que está haciendo y le parece mal. En este caso su deseo de no proyectar fuera de España una imagen «que no es la de nuestro país» tiene un sentido más grave: la represión solo acaba de empezar y van a intentar ocultarla. Lo malo, aquí, no es el porrazo, sino la foto del porrazo.

Hay una tercera posibilidad. La peor. El Gobierno es consciente de lo que está haciendo y le parece bien. Si esto es cierto la frase de Rajoy proyecta otra seméntica: «nuestro país» no significa aquí lo que parece que significa; no es el país de todos, policías y estudiantes, sino que la primera persona del plural alude a un nosotros mucho más reducido. Las recientes apelaciones a los 11 millones de votos del PP nos dan una pista…


La diferencia entre ‘advertir’ y ‘amenazar’

Numerosos medios de comunicación se han hecho eco de las palabras de Hugo Chávez con las que anunciaba la posibilidad de nacionalizar algunos grandes bancos privados venezolanos, entre ellos la parte caribeña del español BBVA.

Un buen número de las noticias sobre este asunto copian y pegan un teletipo de la Agencia EFE. Esta noticia lleva por titular: “Chávez advierte a los bancos privados con nacionalización, incluido el español BBVA”.

Lo curioso es cómo ese titular ha cambiado sutilmente en algunos medios de comunicación, como el digital lainformacion.com, donde Chávez ya no “advierte”, sino que amenaza: “Chávez amenaza con nacionalizar la banca privada, incluido el BBVA, si no cumple sus leyes”.

Podría parecer una mera estrategia de posicionamiento en buscadores —que suelen penalizar los titulares repetidos, por lo que algunos medios cambian ligeramente los textos de agencia— si no fuese porque también en el cuarto párrafo alguien se ha tomado la molestia de hacer el mismo cambio y solo ese cambio. Según EFE, el presidente venezolano “hizo la advertencia”, pero según la versión ligerísimamente retocada de lainformacion.com, Chávez “lanzó la amenaza”.

Según el DRAE, amenazar es “dar a entender con actos o palabras que se quiere hacer algún mal a alguien” y advertir es “llamar la atención de alguien sobre algo, hacer notar u observar” o “aconsejar, amonestar, enseñar, prevenir”. Parece claro que se hay querido remarcar las connotaciones negativas y agresivas del primer verbo. Algo, por cierto, que ni squiera era semánticamente necesario: en su cuarta acepción, advertir significa “avisar con amenazas”, una acepción que no parece haber sido suficientemente ‘amenazante’ para el editor del diario digital.

¿Será que algunos medios intentan amenazarnos, en el sentido de la cuarta acepción del término: “Conducir, guiar el ganado”? Advertidos estamos…


Costes (y beneficios) de los delegados sindicales

Hoy es un día oportuno para hablar de sindicalismo, hace 35 años pasaba esto.

Justo hoy, el TUC (Trades Union Congress, considerado el primer sindicato de la historia, fundado en 1866 y con unos 6 millones de afiliados en Reino Unido) publica un interesantísimo análisis sobre el coste y… —he aquí lo interesantísimo— los beneficios económicos que suponen los representantes sindicales (el estudio se centra en la función pública).

En Reino Unido, como en todas partes, se vive una reveladora ola de ataques a las organizaciones de trabajadores —un frente imprescindible para colar los recortes sin demasiada contestación social—. En ese contexto se debate en Reino Unido la denominada TURC (campaña por la reforma sindical —y ya sabemos lo que significa «reforma»—). Un lobby conservador,la Alianza de Contribuyentes, difundió en noviembre un informe que cifraba en 113 millones de libras el coste para las arcas públicas de los delegados sindicales entre el funcionariado. El informe tuvo cierta repercusión —negativa, claro— en los medios de comunicación y entre algunos políticos.

Ahora, la Universidad de Hertfordshire completa el análisis con un detalle olvidado por el informe: ¿qué pasa con ese dinero? ¿Genera algún tipo de retorno o simplemente se va por el desagüe? Malas buenas noticias para la Alianza de Contribuyentes: por cada libra que cuesta el tiempo de un representante sindical —por ejemplo para contratar a un nuevo empleado que cubra su puesto—, el trabajo sindical genera una riqueza de entre 3 y 5 libras.

Podéis leer el informe aquí.


La Policía y El Corte Inglés

El viernes nos encontrábamos con una de esas curiosidades que afloran de vez en cuando en el BOE.

El ministerio de Interior anunciaba la compra de 4.500 pantalones de policía por 144.963 euros, a más de 30 euros la prenda -parece un precio poco económico para una compra mayorista, ¿no?- .

El afortunado comercio que se llevó el gato al agua fue, una vez más, El Corte Inglés.

Para los que os perdisteis la huelga general del 29S, una foto:

 

La Policía rodea El Corte Inglés de Preciados (Madrid)

La Policía rodea El Corte Inglés de Preciados (Madrid)

 

No se ve muy bien, pero el centro comercial está rodeado de antidisturbios para garantizar, a toda costa, que esas puertas, esas en concreto que se ven al fondo de la imagen, abran, sí o sí, cuando hay huelga. Es un símbolo o más.

Ojo. Tras el desalojo, hace unas horas, del Hotel Madrid, ocupado tras las marchas globales del 15 de octubre, se ha convocado una concentración en la puerta del Sol, a medio camino entre el hotel y el centro comercial. En pleno puente, con el centro de Madrid atestado dese hace días con miles de turistas y madrileños, en plena vorágine prenavideña, esperemos que nadie pierda la cordura.


No es solo austeridad, Alberto Garzón

El inminente diputado Alberto Garzón lleva un par de días envuelto en una extraña polémica. Quizá la primera de su flamante carrera como cargo público electo. Esto es interesantísimo: de lo que le está pasando trata, en parte, la política del futuro.

La cosa va de si los diputados de Izquierda Unida deben o no aceptar el famoso kit tecnológico que entrega el Congreso a sus señorías. El debate se centra en un iPad y un iPhone, que Garzón parece haber aceptado, no sin dilemas.

Aclaro que no soy de los que defiende que los políticos deban ser pobres ni, como he leído en algunas contracríticas, tratando de ridiculizar las críticas, que deban ir al Congreso en mono o llevarse de casa la silla de la cocina para no sentarse en cómodos sillones. Esta exageración especiosa no cuela ni desarma algunas -pocas- peticiones razonadas de austeridad. Me parece bien que tengan un buen sueldo -que los diputados de IU ceden en gran parte a su organización- y buenas herramientas de trabajo: un móvil y un portátil de última generación me parecen de cajón.

Lo digo porque hay quienes, directamente, critican que IU acepte ambos aparatos por su alto coste. El propio Garzón lo ha criticado como un gasto ineficiente y la organización criticó el concurso de adjudicación del Congreso. No me parece exagerado que 350 diputados tengan teléfono móvil y portátil a costa del contribuyente (si lo usan, si lo usan ellos y si lo usan bien, claro). Tampoco me parece obligatorio, así que algunos grupos parlamentarios, especialmente después de haber aumentado su representación, podrían haber optado, así sea como simple gesto, por costear sus propios móviles y/o portátiles.

Diría que IU puede conseguir 11 smartphones y 11 portátiles o tabletas decentes y que podría hacerlo de manera rápida, creativa, ejemplar, legal y a mínimo coste. No faltaría quien hablase rápido de populismo o del chocolate del loro, pero estas críticas pierden valor día a día, cuanto peor están las arcas públicas.

No es, insisto, un mero problema de despilfarro público -que también-. Parece que estamos, más bien, ante un novedoso problema de ética tecnológica, complicado, parece, por el simbolismo de los gestos: Apple es el mal.

Garzón, con acierto, recuerda un texto de Fernández Liria en el que se habla del coltán y de la imposibilidad de mancharse de sangre cada vez que usas un móvil. La consecuencia de un purismo extremista en la ética tecnológica sería una especie de neoulidismo paralizante. ¿Cabe imaginar cómo deberíamos actuar si evaluásemos todas las consecuencias éticas, por lejos que caigan, que se derivan de cada uno de nuestros gestos?

El problemón, como el del ciempiés de la fábula, paralizado por la rana que le pregunta qué pie mueve primero, es abrumador, inabarcable más bien. Y lo peor es que deja el camino libre a quienes prescinden de la ética en sus tomas de decisiones.

IU y Garzón tendrán que mancharse las manos con la sangre del coltán para plantar cara a estos últimos. Hay, no obstante, formas menos sucias de usar el sucio coltán. IU defiende una: el software libre. Si no hay impedimentos técnicos insalvables para usar software libre en el Congreso, IU tiene muy pocas excusas para no predicar con el ejemplo (la única que se me ocurre es que le resbalen muchísimo falacias como el tu quoque que acabo de cascar). Incluso si IU tuviese serios problemas para usar software libre el Congreso, debería intentarlo -batallas más perdidas ha librado con mucha dignidad-. Podría, de paso, hacer de sus problemas, virtud y campaña.

Puede que hoy sea solo un gesto, un símbolo. El propio Garzón deseaba esta mañana que todo el malestar ciudadano se debiese a problemas de este tipo. Por maquiavélica estrategia, haría mal en ignorarlo, pero, ojo, como político haría muy mal en despreciarlo porque, cada vez más, este tipo de conflictos irán perdiendo su caracter simbólico y ganando peso económico, cultural, industrial y, en definitiva, etico y político.

Lo bueno, para Garzón e IU es que este debate se esté centrando en los diputados de IU y, en concreto, en Garzón. Creo que es un privilegio o un mérito de la coalición que los ciudadanos sean con ellos más exigentes que con el resto de fuerzas políticas. Esto es algo que dice mucho de las expectativas que genera entre sus simpatizantes y, también, entre sus detractores. Depende de IU saber aprovechar y honrar ese capital ético que se le presupone.

 


Cebrián, libre mercado, sus principios y los otros

Han pasado tres días desde el estrepitoso batacazo del PSOE. El presidente de El País, su diario de referencia, ha dicho lo siguiente:

«La política tiene que regular los mercados»

En marzo de 2010 defendía básicamente lo contrario:

«Continuar con la defensa de los valores y los principios de las libertades individuales, los valores democráticos y sociales que caracterizan nuestra línea editorial y la defensa, también, de la economía de libre mercado«.

Parece que sin grandes esperanzas de recibir favores políticos durante los próximos años, lo que queda de PRISA mira por el retrovisor y prepara un giro a la izquierda, esa ideología que la socialdemocraqcia política y mediática en España solo predica desde la oposición.


Algunas pequeñas claves del 20N

¿Crees que el PP ha ganado las elecciones por una arrolladora mayoría absoluta? Bah, exageraciones. ¿Crees que el bipartidismo ha muerto y que IU acaricia el sorpasso? Tampoco te flipes. He aquí algunas pequeñas claves para relativizar tópicos del 20N.

1. Con todo el viento a su favor, el PP apenas gana quinientos mil votos nuevos (un x por ciento más que en 2008). IU, una de las mayores víctimas del silencio mediático, gana 710.000 nuevos votantes. UPyD, mucho más jaleada en los medios, sube más de 800.000. Entonces, ¿por qué crees que el PP ha arrasado? Seguramente porque la mecánica de los sondeos en la noche electoral da una gran relevancia al reparto de escaños desde el cierre de las urnas. Al final de la noche, cuando al fín se vislumbra la cifra de votos totales, tú ya llevas cuatro horas convencido de que el PP ha crecido un 20 por ciento (su aumento en diputados) y ya te cuesta ver que solo ha crecido un 5,3 por ciento en número de votos o 4,6 puntos en porcentajes sobre el total.

El PP no es invencible. En Madrid pierde votos respecto a 2008. Con Ana Botella en alza y Aguirre valorando la jubilación, Madrid puede ser, dentro de tres años y medio, el principio del fin del monopartidismpo.

2. El PSOE tiene que hacérselo mirar, pero no está muerto. Cuatro años de Gobierno del PP, en especial durante la primera parte de la legislatura, que se desarrollará en pleno apocalipsis económico, van a hacer buenos algunos recortes de la era Zapatero. Si el PP cree que puede meter mano a derechos sociales y laborales sin desgatarse, se equivoca. El PSOE volverá a crecer. Otro aviso: el rollazo de la ‘pinza’ ya no cuela; en Extremadura IU duplica sus votos respeto a 2008, supera el 5% en ambas provincias -aunque, ay, ley electoral, no consigue diputados- y mejora, incluso con menor participación, sus resultados absolutos de las municipales y autonómicas. ¿Moraleja? El PSOE se basta y se sobra para descalabrarse solito. Tire de ese hilo, Ferraz.

3. IU ha hecho una buena oposición y una buena campaña. El PSOE habrá tomado nota y girará a la izquierda -a su manera-, así que el grupo parlamentario de IU va a tener que ponerse las pilas para no ver cómo el voto progresista vuelve a escurrirse entre sus dedos como un préstamo que hay que devolver. Tras la «alegría en casa de los pobres» -me gustó esa frase de Lara-, va a tener que hacer autocrítica. Con este crecimiento, ¿autocrítica? Pues sí, autocrítica y de la buena. IU ha logrado 11 merecidos diputados, pero sigue muy lejos de los más de 2 millones de votos de 1996. Su apertura como referene de un ‘frente amplio’ debe ser humilde -sin gritos de ‘Uralde, jódete’- y sincera, no una táctica.

Como el PP, IU lo tenía relativamente fácil: un 6,9 por ciento es menos malo que un 3,77, pero no es para tirar cohetes. El riesgo de perder la simbólica tercera posición estatal ya se ha hecho real en Madrid. Durante los próxim0s cuatro años, IU va a seguir siendo ignorada por los medios -ahora con más rencor- y en 2015 la ley electoral seguirá siendo exáctamente la misma -salvo que empeore-. Ojo. Y, al fin, enhorabuena.

4. UPyD va a meter en el Congreso a Toni Cantó. El actor va a dar al no grupo parlamentario una visibilidad aumentada, pero su exposición puede ser contraproducente. El pasado -y presente- de Cantó como ‘famoso’ puede volverse contra él y su partido. En un Congreso con mayoría absoluta, va a haber mucha gente aburrida en busca de trapos sucios. Confiemos en que no se haya colado en el Congreso el berlusconismo magenta.

5. Equo ha conseguido, en solitario, más de 200.000 votos y se coloca como primera fuerza extraparlamentaria -el escaño de Compromís es de Compromís-. Es un excelente resultado para una fuerza de nueva creación que, además, no se presentaba en Cataluña. Sin embargo, no creo que tenga motivos para relajarse ni alegrarse.

Su resultado en Madrid ha sido pobre, muy pobre (64.828 votos, un 1,98 por ciento). Desde cualquier punto de vista es poco, muy poco. Las dos personalidades más populares de la formación ecologista -su líder, Juan López Uralde, e Inés Sabanés, muy conocida y reputada en la caspital y en la Comunidad- se quedan muy lejos de las expectativas alentadas por sondeos hoy inexplicables y dejan escapar una de las corrientes de favoritismo mediático, totalmente arbitrario, más notorias de los últimos tiempos. El mimo, por no decir la zalamería, con que se había recibido esta nueva candidatura entre algunos periodistas es digno de estudio: los resultados, también. Con mucho menos peloteo descarado en prensa, radio y televisión, los animalistas de PACMA han superado los 100.000 votos a base de militancia esforzada. Equo, al igual que Anticapitalistas -con menos votos en Madrid que Foro Asturias- y el resto de extraparlamentarios, puede mirar estos resultados como un techo si tenemos en cuenta la excepcional huida centrífuga de votantes socialistas en busca de nuevas experiencias. No creo que los partidos ‘pequeños’ vuelvan a tener una ocasión parecida.

A muchos votantes en busca de sentido nos encantaría ver humildad, autocrítica y manos tendidas. Creo que esta legislatura y estos resultados son excelentes motivos para edificar una izquierda alternativa fuerte y plural, que meta miedo al PP y que no se desvanezca de nuevo cuando el PSOE se recupere.


Equo tritura el cartel de Llamazares. ¿Por qué?

Ayer se difundió otro excelente vídeo electoral de Equo. En las imágenes, cargadas de principios y simbolismo, varios carteles y folletos electorales de diversos partidos son rasgados, triturados y reciclados para imprimir cuatro grandes carteles de la formación ecologista.

Entre el pequeño montón de propaganda reciclada abundan los carteles de PSOE y PP, con los rostros, nombres y lemas de Zapatero, Rubalcaba, Rajoy, Esperanza Aguirre o Gallardón. También se ve con claridad cómo uno de los operarios del taller de reciclaje desguaza un gran cartel de CiU. Hasta aquí parece todo coherente con algunos de los mensajes de la nueva formación, que aspira a debilitar el bipartidismo. La inclusión de CiU en el lote también puede justificarse por la colaboración de los democristianos catalanistas en la aprobación de la Ley Sinde, germen primerísimo de las grandes protestas del 15M y siguientes.

Sin embargo hay un detalle que sorprende y no parece inocente. En dos esquinas se reconoce claramente la cara de Gaspar Llamazares, candidato de IU a la presidencia del Gobierno en 2008 y portavoz de su grupo parlamentario durante esta legislatura.

Sobre la mesa hay una veintena de carteles y folletos. Los he contado de manera aproximada hasta donde permite la nitidez de la imagen y mi agudeza visual. He aquí mi hipótesis: si solo hay una veintena de papelotes en una mesa y dos de los grandes son de Llamazares, su inclusión no puede ser accidental. No creo que, literalmente, se les hayan traspapelado dos carteles de IU. Más bien parece que algún responsable de campaña de EQUO consideró acertado y adecuado a sus intereses meter a Llamazares en el mismo saco que a Zapatero, Rajoy o Duran Lleida.

Que entre EQUO e IU hay ciertos roces de guante blanco no se le escapa a nadie. Ninguna de las dos formaciones quiere hacer sangre ni emprender una confrontación abierta que no beneficiaría a nadie salvo a la derecha, pero en silencio se ven compitiendo por un espacio electoral muy similar. Los optimistas esperan que haya acercamiento después del 20N, cuando ambas formaciones puedan decir «estos son mis poderes». Hasta entonces, parece haberse impuesto un noble acuerdo tácito de no agresión, respeto mútuo y, si acaso, alguna miradita de reojo.

Ayer mismo, el diario Público, ofrecía una entrevista con el principal candidato de Equo, Juan López de Uralde, que reconocía que su formación e IU tienen proyectos diferentes, aunque también aclaraba con rotundidad:

«Tenemos claro que IU no es nuestro adversario»

Si es lo que no parece, un accidente, vendría bien una aclaración. Si no es lo que parece, un golpe bajo, también. Y si es lo que parece, una pulla deliberada, parece descentrada e injusta. Si hay alguien en IU que se ha esforzado en tender puentes es Gaspar Llamazares; por no hablar de que en aquellas elecciones, todavía estaba en la coalición y muy cerca del ‘llamazarismo’, la propia Inés Sabanés, hoy número dos de la candidatura de Equo por Madrid.

No creo que Equo quiera empezar una guerra con IU y quizá haya una explicación sencilla e inocente que justifique lo que acaso sea solo una ‘chiquillada’. He escrito a EQUO para que me aclaren si el ‘triturado’ de Llamazares tiene algún significado o es una anécdota insignificante.

AMPLIACIÓN: Equo me da esta respuesta vía Twitter.

@millares@GLlamazares el vídeo es una crítica al uso abusivo de papel de la campaña y a la necesidad de reciclar la política.

Llamazares también contesta:

@ProyectoEquo@millares Geacias por vuestra delicadeza y amabilidad compañeros. Esperaba una política diferente.


Los escrúpulos inéditos de Campofrío

Varios grandes anunciantes han anunciado su intención de dejar de publicitarse en el programa ‘La Noria’ de Telecinco. Como ya sabéis, huyen de la malas críticas que ha cosechado este espacio por entrevistar -y pagar- a la madre de ‘El Cuco’, condenado por encubrir al presunto asesino de Marta del Castillo, Manuel Carcaño.

El futuro de ‘La Noria’ no me quita el sueño, pero sí me interesan varios aspectos de este suceso y algunos me preocupan.

En primer lugar pone de relieve el poder de las empresas privadas en los medios de comunicación.

La publicidad y las privadas
Las empresas son personas jurídicas que pueden meter su dinero donde les de la gana. Así lo suelen hacer, beneficiando a quienes mejor les sirven y menos les molestan. Recordemos que Telecinco no vende información a los ciudadanos; su negocio es vender a los anunciantes «tiempo de cerebro humano disponible». Para vender más tiempo ha adoptado todo tipo de estrategias exitosas que le reportaron unos ingresos de más de 855 millones de euros en 2010 y unos beneficios de 164,5 millones. Esto ha llegado a ser así porque el Estado, titular del «servicio público esencial» que es la televisión -así lo define la ley-, ha renunciado a administrar las concesiones, que se renuevan cada 10 años, de acuerdo con criterios que tengan que ver con los contenidos. En teoría, la actividad de las televisiones privadas debería inspirarse en los principios establecidos en el artículo 4 de la Ley 4/1980:

«a) La objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones. b) La separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y su libre expresión, con los limites del apartado cuatro del artículo 20 de la Constitución. c) El respeto al pluralismo político, religioso, social, cultural y lingüístico. d) El respeto al honor, la fama, la vida privada de las personas y cuantos derechos y libertades reconoce la Constitución. e) La protección de la juventud y de la infancia. f) El respecto de los valores de igualdad recogidos en el artículo 14 de la Constitución».

Quizá exagero si os pregunto cúando fue la última vez que algún minuto de programación de Telecinco cumplió alguno de estos principios, ¿verdad?

Esta pasividad administrativa ha dejado crecer un monstruo que ahora ya no se puede matar: imaginad que un Gobierno decidiese revocar la licencia de emisión de Telecinco… Hay algo positivo en esta dejación de la Administración: da paso a una especie de neutralidad radical. Defiendo esa neutralidad aunque solo sirva para ciscar mi salón cuando enciendo el televisor.

Muchos dirán que aquella entrevista no tenía interés informativo -la vieron dos millones de personas, aunque esto no es ninguna garantía-, pero no creo que corresponda a un fabricante de salchichas decidir qué lo tiene y lo cierto es que, con su dinero, los asesores de imagen de Campofrío están juzgando qué debemos ver y qué no. Particularmente, preferiría que ciñesen sus decisiones empresariales a criterios económicos y de audiencia: entiendo que no solo las buenas personas, con una trayectoria ética kantiana, comen salchichas. Si aceptamos -y a mí no me gusta- que los medios se financien exclusivamente con publicidad, lo menos que podemos hacer es exigir que esa publicidad sea neutral ante los contenidos. Lo contrario genera una inseguridad mediática temible.

Si no se critica la calidad periodística del programa, ¿hablamos de moralidad? ¿De ética? Miedo me da que sean Nestlé o L’Oreal quienes ejerzan de árbitros en ese campo. Me conformaría con que aplicasen sus novedosos escrúpulos a su propia actividad empresarial, incluyendo la publicitaria.

Si ‘La Noria’ es basura o si merece un Pulitzer, me da igual. Bueno no me da igual: preferiría mil veces que Telecinco dedicase ese tiempo y esfuerzo a hacer periodismo de investigación para destapar las trapacerías empresariales de Campofrío, Nestlé o L’Oreal. Sin embargo, creo que debo aguantarme, abstenerme de  patalear  y, si me pica mucho, atacar desde, al menos, otros cuatro flancos.

Alternativas
Uno. Como sujetos pasivos podemos cambiar de canal. No voy a acudir al tópico de sintonizar La 2: existen multitud de canales -no solo televisivos-  para ver buena televisión, que la hay.

Dos. Si estás muy, muy cabreado, puedes movilizar toda tu artillería para defender el modelo mediático -y de sociedad- que te gusta. Será más efectivo si propones alternativas, eres constructivo y pasas olímpicamente de tuitear a Jordi González.

Tres. Si sabes juntar letras para formar palabras y juntar palabras para construir frases, hazlo. Ya está, puedes contar cosas, hazlo. Mira, escucha, indaga, pregunta, contrasta y difúndelo. Ya eres periodista, ejerce. Predica con el ejemplo. Se mejor que Telencino.

Cuatro. ¿No eres bueno haciendo buen periodismo, pero te gusta verlo, oirlo o leerlo? Financia. Sí, son malos tiempos para convertirse en mecenas, pero, venga, hacerse socio de Tercera Información cuesta 1,6 euros al mes: un paquete de salchichas viena de Campofrío cuesta esta mañana 1,35 euros en Eroski.

Información de sucesos
Quienes sentimos rabia o vergüenza por el hecho de que una madre se lucre porque su hijo ha cometido un delito nos estamos dejando llevar por la misma visceralidad que intenta agitar este tipo de programas. Unas veces apelan a nuestra empatía entrevistando a los padres de las víctimas y otras, a nuestra repulsión entervistando a los malos de la película. Pero el espectáculo es el mismo, la misma historia, las dos caras del mismo dolor.

Frente a la evisceración en los medios, encuentro una postura definitiva: si los medios, en democracia, han de informar -para servir a la creación de opiniones políticas-, formar -para servir a la consolidación de un tejido social culto- y entretener -para que no nos explote la cabeza-, la información de sucesos es prescindible, salvo cuando por su prevalencia contribuya a explicar un conflicto social o cuando por su tratamiento ayude a entender la condicón humana. Es decir, el asesinato de una joven a manos de su pareja tiene trascendencia pública como síntoma de un conflicto de género, por ejemplo, pero la intimidad del crimen, su padecimiento, atañe solo a los allegados. Recuerda, los medios de comunicación, ya entrevisten a víctimas o a verdugos, solo quieren tiempo disponible en tu cerebro para venderte salchichas.

Dejemos que los fabricantes de salchichas vendan salchichas a los amigos de la carnaza, es lo suyo, tiene lógica. Podemos dejar de comprar esas salchichas o dejar de ver ese programa y, lo que es mejor, podemos defender modelos económicos y mediáticos que dejen en evidencia a Campofrío y Telecinco. Precisamente, lo mejor de todo este caso es que pone de relieve, una vez más, la creciente capacidad de la ciudadanía para organizarse en red y coordinarse en pos de un bien común. Este es el verdadero problema de Telecinco y Campofrío.


Democracia, pero sin mal humor

La conovocatoria de un referendo en Grecia no me parece «un error colosal«. Llevamos 24 horas escuchando una retahíla de argumentos que defienden la festividad democrática de los referendos seguidos de una proposición coordinada adversativa: «Esta muy bien preguntar a la ciudadanía, peeerooo…». La frase termina con argumentos que invitan a dudar de que los ciudadanos sepamos votar bien, en condiciones, como Dios manda… Vale que nos dejen creer que elegimos cada cuatro años entre Cánovas y Sagasta, pero las cosas serias las deciden los mayores.

El resultado del «melo-dracma» griego, como lo bautizaba ayer una televisión francesa, no está nada claro. Y da igual. Las consecuencias económicas serán terribles o no, que teorías hay para todos los gustos y mi fe en los economistas ortodoxos está merecidamente devaluada.

Pero leer críticas contra la mera convocatoria de la consulta porque un referendo es «una votación binaria, esquemática y susceptible de toda suerte de demagogias populistas» y que «la experiencia de otros referendos en países como Francia, Irlanda u Holanda ilustran hasta qué punto suele prevalecer el malhumor social sobre la discusión del asunto sometido a las urnas» es ensobrecedora. ¿Acaso no sirve el mismo argumento para deslegitimar cualquier otra conovocatoria electoral? ¿No votó malhumorada la izquierda el 14 de marzo de 2004? ¿No votará malhumorada la derecha y gran parte de la izquierda el 20 de noviembre? Quizá caminemos hacia una democracia censitaria donde haya que acreditar templanza y buen humor antes de votar.

El tristísimo editorial de EL PAÍS ofrece otro motivo de preocupación cuando cita los casos de Francia, Irlanda u Holanda como referendos mal respondidos, de esos en los que la gente votó mal, al revés de lo previsto, como si quisiesen -ay, ingenuos- expresar que no estaban de acuerdo con lo bueno que ya había sido amañado para ellos. Solo tenían que asentir, no se les pedía más, y van y cabecean en sentido contrario. ¿Qué le preocupa al editorialista? Nada debería molestarle. Después de aquellos referendos, no pasó nada de nada, nada en absoluto. Tras los noes de Francia y Holanda se retocó la redacción de la mal llamada Constitución europea y se aprobó, sin referendos, como tratado de Lisboa. Los estúpidos irlandeses votaron no al principio, pero se les volvió a preguntar y, al fin, acertaron con la respuesta. Vista la secuencia, si los griegos llegan a votar, lo que es mucho suponer, y votan lo que no deben, porque puede que alguno incluso tenga ideas propias, no pasará nada. ¿De qué se preocupa EL PAÍS?