Cinco retos para la huelga general del 14N y cinco ventajas (alguna triste)

Tras el anuncio de una jornada europea de movilizaciones sindicales para el 14 de noviembre, parece inminente la convocatoria de una segunda huelga general en España por parte de los sindicatos mayoritarios. ¿Qué puede pasar el 14N?

Esta nueva huelga se acerca con varias fortalezas, alguna triste y alguna esperanzadora:

  1. Los recortes. La convocatoria del 14N no necesita explicación. No estamos ante una huelga difícil de justificar o traída por los pelos. La mayor concentración de recortes sociales en la historia de la democracia hace que, por desgracia, las razones de la huelga sean comprensibles para una inmensa mayoría de españoles.
  2. La Cumbre Social y el referéndum. Con muchos peros y vaivenes, la Cumbre Social puede estar convirtiéndose en un buen instrumento para amplificar la huelga y el resto de movilizaciones sociales. Los sindicatos ceden algo de protagonismo (poco) para mutualizar la legitimidad de la acción. La estrategia aún titubea, pero puede convertirse en un polo de resistencia plural importante. La petición de un referéndum sobre los recortes, invisibles en el programa electoral del PP, es una meta concreta, cabal y alcanzable que reorienta (un poquito) la línea defensiva (masoca y suicida) de los movimientos sociales hacia una posición más asertiva y propositiva.
  3. La internacionalización. Parece que la HG será simultánea en varios países del sur de Europa (Portugal, Chipre, Malta… ¿Grecia?). Esta decisión histórica puede ayudar a movilizar a cierta parte de la sociedad que ha percibido las últimas huelgas como una especie de coreografía pactada más que como un pulso serio al poder. El sufrimiento es global y la respuesta debía serlo también.
  4. Repetición. El hecho de que el 14N llegue solo 8 meses después del 29M puede ser un factor de refuerzo, que ayude a remarcar la gravedad del desafío al bienestar al que nos enfrentamos. Dos huelgas generales en un mismo año empiezan a parecer un amago de acción sindical decidida, no un mero reto mediático para cubrir el expediente y que cada Gobierno tenga su huelga fútil.
  5. La desiglación. Podríamos llamar así al proceso por el que una gran parte de la población ha ido alejándose de las ‘siglas’ de sindicatos y partidos para diluirse en mareas reivindicativas transversales y movimientos ciudadanos de base. Desde el 15M, evidentemente, este proceso ha ganado fuerza real e imaginaria. Si estos nuevos (o renovados) agentes sociales deciden respaldar la convocatoria, aunque sea de manera crítica, mucha gente tendrá el gancho que necesita para secundar una acción que puede ver como justa, pero cuyos convocantes oficiales han dejado de parecer ilusionantes.

Sin embargo, el 14N también encara serias dificultades.

  1. El paro. El primer obstáculo para una HG tradicional (cese de la actividad en los centros de trabajo) es evidente. Hoy hay menos gente trabajando en esos centros y menos centros en los que trabajar (y parar). En términos desestacionalizados, y a falta de un mes para el 14N, hoy hay 300.000 parados más que en marzo. De nuevo los sindicatos tradicionales se enfrentan a la incapacidad para defender, representar y movilizar a las víctimas más visibles de esta estafa económica. ¿Podrá alguien? Los propios sindicatos han cobrado conciencia de su limitación y quieren extender y amplificar la huelga a ámbitos extralaborales. ¿Sabrán?
  2. El miedo. Que las razones para la huelga resulten evidentes para buena parte de la población no es solo una ventaja. Esas razones nos resultan tan ciertas porque las llevamos caladas en los huesos. Esta vez hará falta mucha (más) valentía para secundar la huelga.
  3. La proximidad. Lo que arriba hemos explicado como una ventaja tiene un reverso desmovilizador. Dos huelgas generales tan cercanas en el tiempo suponen un problema real para muchas personas. De muchas nóminas no sobra nada. Nada. Ni tan siquiera el sueldo de un día. Una razón más para buscar la difícil participación de sectores extraños en la huelga: parados, pensionistas, cuidadores, estudiantes, precariado, autónomos, pymes, consumidores…
  4. La dispersión. Lo que se gana de unidad de acción con la internacionalización de la convocatoria se pierde con la descoordinación interna de varios llamamientos. CGT ha convocado huelga general para el 31 de octubre y los sindicatos vascos, tan necesarios para el éxito de un paro en todo el Estado —por el peso obrero de la industria vasca—, ya celebraron huelga general en Euskadi el 26 de septiembre. ¿Habrá convocatoria unitaria ampliada?
  5. La imagen de los sindicatos. A falta de un revulsivo interno que ni se asoma por el horizonte, los grandes sindicatos siguen arrastrando un problema de legitimidad pública que amenaza con convertirse en letal. Incapaces de combatir las falacias de la derecha mediática y empeñados en perpetuar sus verdaderos errores, los sindicatos son el principal problema para ellos mismos. Lo peor es que, por ahora, no tenemos sustituto equiparable.
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Tres claves para evaluar el 25S

El 25S, ¿ha sido un éxito, un fracaso o ninguna de las dos cosas? Aquí, tres reflexiones para el debate.

  1. Objetivo cumplido. Si el objetivo del 25S era rodear el Congreso, se consiguió. Entre policías y manifestantes, el Congreso estuvo efectivamente cercado toda la tarde. Si el objetivo era dar un primer golpe en la mesa, un nuevo paso hacia algún tipo de reivindicación constituyente, parece que también se logró. El aire de la protesta recordaba mucho al de aquellas movilizaciones medianas alrededor del 15M, cuando sin necesidad de una afluencia multitudinaria se conseguía subvertir la agenda mainstream. En definitiva, algo sí se movió.
  2. Respaldo. La accidentada y criminalizada convocatoria del 25S logró salvar con creces la cara de la afluencia —luego hablaremos de las cruces—. Dejando en la papelera el inaceptable cálculo de la Delegación del Gobierno, se puede hacer un cálculo realista y fiable sin mucha dificultad. El momento de mayor afluencia en Neptuno y alrededores se alcanzó entre las 19.00 y 20.00 horas. En ese momento, la mitad oeste de la plaza de Cánovas del Castillo (Neptuno) y el primer tramo del paseo del Prado —13.500 metros cuadrados— estaban completamente llenos de gente —3 personas por metro cuadrado como mínimo—. Pero es que en ese momento empezaba a llegar la gran marcha que venía desde Gran Vía. A esa hora desde Cibeles, se apreciaba con claridad que toda la calzada de bajada del paseo del Prado y Alcalá, desde el Círculo de Bellas Artes —20.000 metros cuadrados—, se encontraba ocupada, aunque sin masificaciones, se andaba a buen ritmo —o,5-1 persona por metro cuadrado—. El cálculo más conservador, a esa hora, no puede bajar de las 50.000 personas sin contar el flujo de entrada y salida, muy agitado y prolongado durante una tarde tan larga.
  3. Violencia. No sirve negarlo ni echar balones fuera. Una movilización que podía partir con propuestas y gestos interesantes ha quedado reducida a titulares, fotos y vídeos de cargas policiales, detenciones, forcejeos y, lo que es peor, heridos. Quizá no había ninguna intención por parte del Gobierno de dejar que esta concentración se consumase con naturalidad, quizá la Policía provocó, quizá había infiltrados, quizá los medios manipulan, quizá todo esto sea cierto, pero poco podemos hacer para cambiarlo. Y también es cierto que muchos vimos gestos y actitudes que no se correspondían con las consignas de los convocantes —“planteamos un acto de desobediencia civil, absolutamente pacífico, de resistencia no violenta”—. Excusas hay muchas, pero cuesta encontrar una que no sea falaz y autocomplaciente. Podemos y debemos exigirnos mucho más y ser mucho mejores. ¿Hicimos todo lo posible?

Actualización: Pocas horas después de publicar esta entrada, miles de personas volviamos a Neptuno tras las violencias del día anterior. La actitud pacífica ya no fue simplemente mayoritaria, fue de hecho unánime. Algo tan sencillo como la propagación de lemas y consignas contra cualquier encapuchado ahuyentó cualquier fantasma, propio o extraño. Se puede hacer.