2007

Han sido horas extrañas, las últimas. En cuatro días en los que me descolgado del blog han sucedido cosas demasiado importantes. Tengo algún miedo: el síndrome del año en blanco. Por dónde empezar. Por el final, supongo.

Se derrumbó 2006. Se desplomó sobre Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate. La esperanza no es de hormigón: por eso es frágil, por eso, tal vez,  sobreviva en algún agujero humeante.

No quisiera ser 2007. Parece que llega como un invitado no deseado, humillado, avergonzado, resignado, culpable, inevitable. Casi se oye a diciembre preguntarle a este enero: “¿Qué haces aquí? Aún tengo asuntos pendientes”. Enero sólo obedece, pero la orden es injusta.

Espero una rebelión de este soldado, espero que vengue a diciembre. Este día 1 es un verdugo con sentimientos.

Yo no me rindo.

Podemos hacer, no desear, que 2007 sea un año feliz.



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