Un cachete a tiempo…

Los millones de pasajeros del Metro que hayan terminado de leer la ubicua trilogía de Stieg Larsson (Millennium) quizá estén sensibilizados con el tema: la sociedad tiene una gran capacidad para tolerar (que es lo mismo que ejercer) ciertas formas de violencia contra individuos o sectores especialmente desprotegidos. No es solo ficción sueca.

Con lo poco que sé de periodismo, juraría que esta noticia debería ser un escándalo político que provocase algo de vergüenza social, pero lo cierto es que ha pasado por los teletipos con pena y sin gloria. La he meneado, a ver si cuela.

Un solo hospital detectó 171 casos de maltrato infantil en 2008

El hospital de Valme, en Sevilla, atiende un área de 400.000 habitantes. En un año ha detectado más de 170 casos de violencia contra la infancia: 46 de abusos sexuales y 125 de otros tipos de violencia. ¿Peleas de patio? No. Solo el 18 por ciento de estas agresiones han sido ejercidas de menor a menor. El resto han sido vejaciones perpetradas por adultos (y aquí la familia también importa: es donde más casos se producen y se ocultan).

¿Cómo se explica semejante silencio mediático y tal pasividad administrativa? El mismo centro atendió en el mismo periodo 17 casos de violencia machista (17 es a 171 lo que X es a 100). El coordinador del programa de Pediatría Social, Juan Gil Arrones, denuncia:

“El maltrato infantil no interesa políticamente, no da votos ni brillo”

¿Se podrían extrapolar las cifras? En un país de casi 47 millones de habitantes, ¡hablaríamos de más de 20.000 casos!

Aunque están a puntito de empezar a ir a la cárcel, los niños (llamados “menores” cuando delinquen y “niños” cuando son víctimas) todavía no votan. Eso podría empezar a cambiar si así lo deciden los mayores, pero mientras tanto van a tener que aguantar unos cuantos “cahetes a tiempo” ante la mirada descuidada del resto de la sociedad. Por desgracia esta misma sociedad ha tardado siglos en proscribir los “cachetes a tiempo” contra las mujeres o los trabajadores (¡y aún estamos en ello!).

La cigüeña me ha traído un libro. Ya se sabe: ser padre te cambia la vida… Empezando por los hábitos de lectura:

“Mucha gente se siente atraída por estas posiciones indefinidas, por el <<sí, pero…>> y por el <<no, aunque…>>, pues está muy extendida en nuestra sociedad la idea de que los extremos son malos y en el medio está la virtud. Pero no es así, al menos no en todos los casos. La virtud está, muchas veces, en un extremo. Un par de ejemplos en los que quiero creer que todos mis lectores coincidirán: la policía jamás debe torturar a un detenido, el marido jamás debe golpear a su esposa. ¿Le parece que estos <<jamases>> resultan demasiado extremistas, tal vez fanáticos? ¿Debería adoptar una postura intermedia, más conciliadora y comprensiva, como torturar poquito y sólo a asesinos y terroristas, o pegar a la esposa sólo cuando ha sido infiel? Rotundamente no. Pues bien, del mismo modo, no estoy dispuesto a aceptar que <<un cachete a tiempo>> sea otra cosa que malos tratos, ni conozco ningún motivo por el que haya que hacer caso a los  niños de día y no de noche.”

González, Carlos. Bésame mucho. Temas de hoy.

Me apunto a esto. Pero me temo que la noticia no llega a la portada, 17 meneos en una hora. Tal vez si fuesen 171… No, tampoco.



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